febrero 6, 2020

Klaus: España acaricia el Oscar a mejor película de animación

Gregorio Belinchón (Redacción)
El País

Miércoles por la mañana en The SPA Studios. Pocas horas antes la Academia de Hollywood ha cerrado la votación a los Oscar. Para Klaus, la película española de animación candidata al Oscar en su categoría, la suerte ya está echada hasta el domingo. La frase manida provoca risas nerviosas entre los pocos trabajadores que quedan en el estudio de Sergio Pablos (sus iniciales dan nombre a la empresa), que ocupa una planta de un anodino edificio de oficinas a las afueras de Madrid, en el cruce de la autovía A-6 con la carretera de circunvalación M-40. Apenas hay dos decenas de personas donde durante tres años estuvieron casi 300, de 22 países y 15 idiomas. Quien conoce la industria de la animación sabe que sus integrantes viajan de país en país, detrás de los proyectos.

En Sergio Pablos Animation se ven las inmensas mesas corridas vacías, y en las paredes queda algún dibujo impreso de Klaus, la película coproducida por Atresmedia Cine y Netflix que roza la dorada estatuilla tras ganar siete Annie (los Oscar de la animación) y el Bafta en su categoría. En una esquina, todo tipo de parafernalia del filme, incluido un trineo y muñecos de tamaño natural, para la promoción. En la sala de los dailies, donde se proyectaba el trabajo diario se sienta el madrileño Carlos Martínez, de 41 años, al que le cuesta definir su cargo. Según IMDB, la gran base de datos del cine, aparece como codirector. «Son cosas para el extranjero. Yo he sido un ayudante artístico de dirección, donde no llegaba Sergio iba yo como coordinador», cuenta el animador, devenido en voz de su jefe en su ausencia: «A los Goya fui yo mientras esa noche él encabezaba al equipo en los Annie. Fue increíble, porque ganamos en todas las candidaturas en las que competíamos. Siete de siete. Sergio siguió con la campaña en EE UU, el fin de semana viajó a Londres a los Bafta, y volvió a EE UU». De ahí, también, el vacío de las instalaciones. «Es que el cabeza de estudio está por ahí de premio en premio, y aún no hemos arrancado la siguiente», remata Martínez entre risas.

Pablos, madrileño de 50 años, es uno de los nombres españoles más conocidos en la animación mundial. Empezó en los estudios de Disney en París, y de allí pasó a la sede central en California. Animó los personajes de Frollo en El jorobado de Notre Dame, de Hades en Hércules, de Tantor el elefante en Tarzán y del doctor Doppler en El planeta del tesoro. De todos ellos hay varios carteles en las paredes de las salas de su estudio. Abandonó Disney para poder dirigir sus propias películas. Hombre de inagotable inspiración, suyas son las ideas originales de Gru, mi villano favorito, cuyo concepto vendió a Universal, y de Smallfoot. También trabajó en Rio. En la oficina se ven bastantes muñecos de los minions, y algún dibujo de los loros brasileños. «Es muy complicado levantar la financiación de un película de animación desde España», concede su compañero. Y por eso insiste en cuidar esa categoría en los Goya. “Solo éramos tres películas, porque en esta pasada temporada solo se hicieron esos largos de dibujos. Sin embargo, cada título tiene su mérito y ha pasado distintas penalidades”. Klaus, nominada a dos premios de la Academia española de cine, no logró ganar ni el de mejor canción ni el de su categoría, que finalmente obtuvo Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó.

«Subrayo que cada proyecto pasa sus dificultades. En Klaus empezó la producción Atresmedia Cine, pero hacía falta más dinero», comenta Martínez. Netflix se sumó a la segunda oportunidad (hubo un primer rechazo), y así se lograron los 40 millones de euros de presupuesto. «La gente no sabe lo duro que es hacer una película de animación. Como dice Sergio, para todos las navidades son de Disney: entre Pixar, Star Wars, Marvel… En cambio, Netflix buscaba una película para esta temporada, y lo que antes era un problema acabó siendo la mejor arma de Klaus».

Klaus nació de una idea de Pablos de 2010. Entre varios proyectos, decidió crear los orígenes de personajes míticos. El primero en que pensó fue en Santa Claus. «Y fue el primero en desterrar», explica Martínez. «Tiempo después pensó en un giro, cínico, y encontró el punto de vista distinto, con el personaje del cartero, canalla, egoísta, que provoca lo contrario, la generosidad, a través de un carpintero, Klaus». Ese egoísta redimido recuerda a Gru. “Cierto, habrá que preguntarle a Sergio por esa relación inconsciente”. Sobre la producción, apunta: «Hacía tiempo que no se hacía una película en 2D de este nivel de calidad, con el que cada animador se enfrenta a una pantalla en blanco dibujando a mano, porque la animación actual se vuelca en las tres dimensiones, con un personaje ya creado. Hemos innovado en la iluminación para que se mantuviera el concepto cuidado de los primeros dibujos».

Martínez, como integrante de la tribu viajera de los animadores, ya había coincidido con Pablos en Chico y Rita, la película de Fernando Trueba y Javier Mariscal, el primer largo español nominado al Oscar de animación, categoría que se creó en 2002. «Así que ya formamos parte de aquel hito», bromea. También trabajaron juntos en Futbolín (2013), de Juan José Campanella, en la que Pablos lidió como pudo con la incapacidad del cineasta argentino de entender los tiempos de la animación. «Cuando hace tres años acabé El parque mágico en Ilion Studios [gran empresa madrileña de animación], le escribí a Sergio a ver con qué estaba», recuerda Martínez. «Pensé que me ofrecería algo de animador y en cambio me contrató como coordinador porque Klaus estaba creciendo mucho».

¿Y cuánto de cerca está el Oscar? «Nadie nunca pensó en los premios. Sin embargo, parece que hacer un trabajo de calidad conlleva su recompensa», dice Martínez. Un pequeño corro de trabajadores analiza a los rivales: dos proceden de majors (Toy Story 4 y Cómo entrenar a tu dragón 3), hay una de stop motion del estudio Laika (Mr. Link, que ganó el Globo de Oro) y otra francesa (¿Dónde está mi cuerpo?). «Está muy, muy abierto», coinciden. «Hay posibilidades».

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