febrero 24, 2020

Tecnología digital al rescate en tiempos del coronavirus

Zigor Aldama
El País

El personal del comité vecinal toca a la puerta. Protegidos con mascarilla y con un traje de protección biológica blanco, un hombre y una mujer recorren las viviendas de un edificio residencial de Shanghái recogiendo diferente información sobre sus habitantes. La capital económica de China quiere retomar la actividad después de un mes parada por la epidemia del coronavirus Covid-19, pero preocupa el regreso de los trabajadores migrantes que engrasan la economía de la segunda potencia mundial. “¿Dónde ha estado durante las últimas dos semanas?”, preguntan a este periodista después de tomar la temperatura apuntando a la frente de cada residente con un termómetro de infrarrojos, elemento indispensable ya en cualquier lugar público.

Las drásticas restricciones a los movimientos de la población implementadas por China han dejado a casi 60 millones de personas en cuarentena, la mayoría en la provincia de Hubei, epicentro de la infección. Pero las autoridades de Shanghái, una megalópolis de 24 millones de habitantes, no se fían de la palabra de los ciudadanos recién llegados. “Tiene que demostrar que no ha estado en zonas de riesgo en los últimos 14 días. Por favor, envíe ‘CXMYD’ por SMS al número de su operador”, piden.

La respuesta llega de inmediato. Es un SMS en el que se detallan las localidades en las que el usuario se ha conectado a torres de telefonía móvil, un servicio que ofrecen las tres compañías telefónicas del país durante la epidemia. No es una prueba concluyente, pero sirve para avalar o desmentir la información que proporciona la gente. “De acuerdo, muchas gracias. Por favor, tenga en cuenta que tiene que informar de sus movimientos fuera de la ciudad. Ocultarlos puede acarrear consecuencias legales”, se despide el comité vecinal.

El SMS sirve para abrir las puertas de muchos lugares públicos. Incluso el Consulado de España de Shanghái advierte de que, a pesar de que hoy retoma su actividad normal, quienes hayan estado fuera de la ciudad durante las últimas dos semanas -tiempo que se toma como referencia del período de incubación del coronavirus- pueden tener problemas para acceder al edificio en el que se encuentra la legación diplomática. “Agradecemos su cooperación en el cumplimento estricto de las medidas establecidas por la Torre Jinmao”, pide el Consulado en una circular remitida por correo electrónico a los españoles a los que presta servicio en varias provincias del país.

Otras empresas van más allá y, para permitir el acceso a sus sedes o la reincorporación al trabajo, exigen conocer si se ha detectado alguna infección en el barrio del empleado. Para ello, también utilizan la tecnología: concretamente, un ‘miniprograma’ llamado ‘Yixiaosou’ que se descarga dentro de la aplicación de WeChat, el WhatsApp chino. Utilizando el GPS del teléfono móvil, determina la ubicación y muestra en un mapa los contagios que se han confirmado en los alrededores. Un signo de exclamación advierte del lugar exacto en el que residen los infectados -información que se puede ampliar clicando en el icono-, y el color sirve para determinar hace cuánto tiempo se confirmaron esos positivos: cuanto más intenso es el rojo, más cercano en el tiempo está el contagio.

“Puede que no sea muy fiable, pero menos es nada. Pedimos a los trabajadores que nos muestren su lugar de residencia y luego comprobamos si hay casos en ese edificio o en los colindantes. Si los hay, requerimos que no salgan de casa y, si pueden, que trabajen desde el domicilio”, comenta un estudio de arquitectura que prefiere mantener el nombre en el anonimato. “La seguridad es lo más importante, así que utilizamos todas las herramientas a nuestra disposición para asegurarla. El Gobierno está haciendo una gran labor en la contención de la epidemia, aunque sepa que las medidas que pone en práctica van a dañar la economía”, añaden desde la empresa.

Sin duda, es un buen momento para que el Partido Comunista ponga a trabajar al Gran Hermano que ha ido construyendo durante la última década. Las herramientas de control de la población, utilizadas a menudo con fines represivos, pueden ahora suponer una ventaja para contener al coronavirus. Los más de doscientos millones de cámaras sirven para comprobar que las personas en cuarentena no se la saltan, y nuevos sistemas de reconocimiento facial desarrollados por Sensetime combinan cámaras termales y algoritmos mejorados para identificar a las personas incluso cuando se cubren el rostro con una mascarilla.

Aunque la empresa china reconoce que este modelo es menos fiable, ya está en funcionamiento al menos en tres zonas públicas de China. Y, a pesar de que Estados Unidos ha puesto a Sensetime en la lista negra de su particular guerra tecnológica, el sistema incluso ha trascendido las fronteras de ese país y ha sido adoptado por la surcoreana LG en 26 puntos de acceso. Así, sus empleados pueden entrar en las instalaciones de la filial LG CNS sin necesidad de retirar la mascarilla con la que se protegen en Seúl. Según la tecnológica, la identificación se realiza en 0,3 segundos y tiene una efectividad del 99%.

Para rastrear los movimientos de la población, en China también se han desarrollado nuevos sistemas. Uno de ellos se basa en los códigos QR que incorporan desde el pasado viernes los taxis de Shanghái. Los pasajeros pueden escanearlos utilizando WeChat o Alipay -para cuyo registro es obligatorio enviar copia del carné de identidad- y así el Gobierno puede seguir todos sus movimientos. Según las Autoridades, esto sirve para localizar a los usuarios del transporte público en caso de que se detecte un caso y haya que encontrar a quienes han podido tener contacto con él.

De momento, este sistema no es de uso obligatorio en Shanghái, pero ciudades como Shenzhen, el Silicon Valley de China, sí que obligan a utilizarlo incluso al acceder al autobús; y en Ningbo, un centro manufacturero de Zhejiang, hay que escanear el código para entrar al metro. En algunas ciudades incluso se están instalando cámaras de reconocimiento facial con termómetros incorporados para detectar a quien tenga fiebre.

Este sistema sirve asimismo para alertar a los pasajeros que estén en peligro: se les envía un mensaje si han pasado por algún lugar en el que se ha dado un contagio y se les pide que contacten con las autoridades sanitarias para descartar que se hayan infectado. “Hay quien se preocupa por la privacidad, pero yo prefiero estar segura. Nuestros datos ya los tienen de todas formas”, ironiza Yan Linwei, una joven de la provincia de Liaoning que ha regresado hace unos días a Shanghái con la intención de reincorporarse al trabajo.

Otra de las recomendaciones de las Autoridades, y que muchos consideran clave para evitar la propagación del virus, es la de realizar siempre pagos electrónicos. Aunque China ha ordenado la desinfección del papel moneda -e incluso la destrucción de los billetes que se hayan utilizado en las zonas más afectadas-, el uso de pago mediante códigos QR reduce las posibilidades de entrar en contacto con el coronavirus. “No acepto dinero en metálico, solo transferencia por WeChat Pay o Alipay”, advierte un taxista apellidado Han, que ha forrado de plástico la mampara que le separa de los pasajeros. “Estas semanas prefiero utilizar aplicaciones como Didi -el Uber chino- para evitar cobrar en efectivo. Y no voy ni al aeropuerto ni a la estación de tren”, añade.

Es evidente que la reclusión de la población en sus casas va a tener un impacto negativo en la economía del gigante asiático, pero empresas de mensajería a domicilio -desde paqueterías como SF Express hasta repartidores de comida como Meituan Waimai- no sienten el batacazo porque sus servicios están sustituyendo a los del comercio y la hostelería tradicionales. Muchos restaurantes solo sirven comida a domicilio solicitada a través de diferentes aplicaciones móviles, y las compras ‘online’ en los supermercados se han disparado.

“Menos mal que existen. A mí me han salvado de exponerme en la calle”, comenta Yan. Así, las calles que antes estaban llenas de automóviles ahora aparecen tomadas por un ejército de motoristas azules y amarillos sobre bicicletas eléctricas y con la mirada pegada a la pantalla del ‘smartphone’. Las bolsas se dejan a la entrada del edifico para evitar el contacto físico, ya que la mayoría de las urbanizaciones no permite el acceso de todo aquel que no sea residente.

Algunas empresas como Meituan consideran que este es el momento perfecto para probar sus vehículos autónomos de mensajería. La semana pasada puso en marcha los primeros en un distrito de Pekín, y se suma así a los servicios que rivales como JD y Ele.me ofrecen con vehículos sin conductor en las zonas en cuarentena. “Reducen el contacto físico en el que hay peligro de infección y permiten satisfacer las necesidades de los clientes en este momento tan especial”, explicó Meituan en un comunicado.

Estos robots cada vez más habituales complementan así a los drones que algunos utilizan tanto para confirmar que la gente se protege adecuadamente con mascarilla como para tomar la temperatura de los vecinos sin que estos tengan que salir de sus casas: basta con que se asomen a la ventana. La prensa estatal china alaba todos estos avances que considera armas efectivas contra el Covid-19, pero la pregunta que se hacen muchos es qué sucederá con todos esos datos personales que recaba el Gobierno cuando la epidemia sea historia.

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