septiembre 10, 2020

Los videojuegos entran de lleno en la campaña presidencial de Estados Unidos

Jorge G. García
El País

Todos los votos cuentan. Estados Unidos acude a las urnas el próximo 3 de noviembre y los partidos engrasan la maquinaria electoral para ocupar la Casa Blanca. Una maquinaria tanto física como digital, cuyos esfuerzos cada vez van más dirigidos a este espacio intangible, formado por redes sociales —tan bien manejadas por el actual presidente, Donald Trump— o los videojuegos. El ticket demócrata, compuesto por Joe Biden y Kamala Harris, busca en Animal Crossing: New Horizons una nueva estrategia de propaganda al permitir que los jugadores apoyen su candidatura mediante letreros que pueden colocarse dentro del juego.

El título desarrollado por Nintendo simula un mundo virtual, habitado por animales entrañables, donde los jugadores se mueven por una isla desierta como si fuera su día a día. Construyen casas, pescan, recolectan alimentos, quedan con sus amigos… Y desde hace una semana pueden instalar carteles en sus jardines con los apellidos Biden y Harris. Un movimiento político completamente premeditado.

Este título ha sido uno de los videojuegos estrella durante el confinamiento, con un público intergeneracional que contactaba con amigos, conocidos y extraños en un momento de reclusión en casa. “Para captar la atención de los votantes tienes que acudir adonde estén. En una pandemia esto significa online. Y Animal Crossing es uno de los sitios más populares entre la población”, sostiene Zizi Papacharissi, profesora de Comunicación en la Universidad de Illinois.

El equipo de campaña ha diseñado cuatro carteles con los logotipos oficiales, así los jugadores del título de Nintendo Switch pueden descargarlos y exponerlos en la isla. Las pancartas se escanean mediante un código QR en la aplicación Nintendo Switch Online. Inmediatamente después los usuarios pueden colocarlos donde deseen como un elemento decorativo adicional del juego.

La industria gaming, de acuerdo con el último informe de SuperData, generó el año pasado cerca de 110.000 millones de euros. O lo que es lo mismo, casi tres veces más que la cantidad del sector cinematográfico y 70 veces más en comparación con el musical. Se trata de un entorno atractivo para cosechar votos, sobre todo ante unas elecciones imprevisibles, que se decantarán por un puñado de papeletas en los denominados swing states —un conjunto de Estados, como Michigan, Ohio o Pennsylvania, que varían la candidatura ganadora casi en cada proceso electoral—. “Los videojuegos, en especial los online, se han convertido en un elemento más importante en nuestras vidas, en un espacio donde desarrollar nuevas formas de propaganda”, razona Paolo Gerbaudo, sociólogo y director del Centro para la Cultura Digital en el King’s College de Londres.

No resulta innovador que un videojuego sirva de herramienta política, aunque lo que Biden y Harris han puesto encima de la mesa trastoca los ejemplos conocidos hasta ahora. Acudir directamente a un título de masas no aparecía dentro del abecedario de la movilización electoral. La apuesta en otros países ha consistido en darle otro enfoque a juegos más que conocidos. Este fue el caso de Jean-Luc Mélenchon, candidato a la presidencia francesa por el movimiento La France Insumise, que creó Fiscal Kombat, un videojuego inspirado en Mortal Kombat donde se le veía sacudiendo a empresarios que no pagaban sus impuestos.

Si nos fijamos en Estados Unidos, el candidato en 2004 a las primarias Demócratas Howard Dean apostó por lo que llamó The Howard Dean for Iowa, un juego en el que invitaba a sus seguidores a comprender cómo participar en su campaña electoral. Una especie de entrenamiento virtual con el que aumentar su base de apoyo. Más recientemente, en 2016, Hillary Clinton pidió a los usuarios de Pókemon Go que acudieran a las urnas mientras cazaban un pokémon por las calles. “Todas las formas de conectar con la sociedad en torno a elementos que forman parte de su felicidad diaria es interesante. Muestra que los políticos escuchan a la gente”, asegura Papacharissi.

Llegar al votante joven
Sería naíf reducir a la nueva política la incursión del ticket demócrata en Animal Crossing. Como cualquier tipo de propaganda, la movilización y llegar hasta el último votante está en la génesis de la iniciativa. Un candidato como Biden, de 77 años, no despierta excesiva empatía entre los más jóvenes. Aquí gana valor presentarse ante ellos mediante un juego. Un espacio lúdico en el que trascender más allá de las campañas típicas en Facebook, Twitter e Instagram. “El lenguaje de los videojuegos permite a los políticos acceder a los jóvenes a través de su lenguaje cotidiano. Además, añade un elemento de entretenimiento en un contexto donde muchos perciben la política como algo aburrido”, precisa Gerbaudo.

Una barrera derribada por estos carteles virtuales es la de asociar videojuegos con violencia. En Estados Unidos ha sido una comparativa habitual dentro de la retórica política. A los causantes de tiroteos en los institutos, por ejemplo, solían relacionarlos con la cantidad de horas jugadas a títulos ciertamente violentos, como Grand Theft Auto. Poco más que todo lo sucedido había dependido de que fuera un gamer. En palabras de Papacharissi, esta iniciativa no cambiará en exceso ese discurso debido a que Biden y Harris solo buscan conectar con ciertos grupos que les impulsen hacia la Casa Blanca.

Hasta noviembre será imposible medir el éxito de aparecer en las pantallas de Nintendo. Habrá que esperar a un nuevo proceso electoral para saber si los videojuegos se han convertido en un nuevo campo de batalla política. Por el momento, solo se han adentrado en un terreno desconocido para una maquinaria tan refinada como la de las campañas presidenciales. Pero está demostrado que el mundo digital puede marcar la diferencia entre ganar o perder. “El populismo de derechas, como Trump, ha comprendido la relevancia de la propaganda digital. Fue esencial en 2016 para generar simpatía y votos en los sectores subculturales del mundo digital”, concluye Gerbaudo.

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