junio 3, 2020

Los riesgos de protestar durante una pandemia

Roni Caryn Rabin
The New York Times

Las protestas masivas contra la brutalidad policial que han sacado a miles de personas de sus hogares a las calles de las ciudades en todo Estados Unidos hacen surgir el espectro de nuevos brotes de coronavirus, lo que lleva a líderes políticos, médicos y expertos en salud pública a advertir que las multitudes podrían causar un aumento en los casos.

Si bien muchos líderes políticos resguardan el derecho de los manifestantes a expresarse, instaron a quienes salen a protestar a usar mascarillas y mantener el distanciamiento social, tanto para protegerse a sí mismos como para evitar una mayor propagación del virus en la comunidad.

Más de 100.000 estadounidenses han muerto por la COVID-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus. La comunidad afroamericana ha sido particularmente afectada: se han registrado tasas de hospitalización y muertes que superan con creces las de los blancos.

Las protestas en decenas de ciudades estadounidenses han sido impulsadas por la muerte de George Floyd, la semana pasada, a manos de la policía de Minneapolis. Pero el descontento y la indignación que se esparcen por las calles de una ciudad a otra también reflejan las tensiones duales, acumulativas, que surgen de décadas de asesinatos policiales y de las súbitas pérdidas de familiares y amigos por el virus.

El flujo espontáneo de las protestas están ocurriendo cuando muchos estados han comenzado a reabrir con cautela, después de semanas de órdenes de quedarse en casa y con millones de estadounidenses desempleados. Los restaurantes, las escuelas, las playas y los parques están bajo escrutinio mientras el público práctica tentativamente las nuevas formas de distanciamiento social.

En Los Ángeles, donde las manifestaciones condujeron el sábado al cierre de sitios donde se hacen pruebas para el virus, el alcalde Eric Garcetti advirtió que las protestas podrían convertirse en “eventos súper propagadores”, refiriéndose a los tipos de reuniones, generalmente en lugares cerrados, que pueden llevar a una explosión de infecciones secundarias.

El gobernador de Maryland, el republicano Larry Hogan, expresó la preocupación de que su estado podría registrar un aumento en los casos en aproximadamente dos semanas, que es el tiempo que tardan en aparecer los síntomas después de que alguien ha sido infectado, mientras que la alcaldesa de Atlanta, Keisha Lance Bottoms, aconsejó a las personas que salieron a protestar “que se hicieran una prueba de la COVID esta semana”.

Algunos expertos en enfermedades infecciosas se tranquilizaron por el hecho de que las manifestaciones ocurrieron al aire libre, y dijeron que ese factor podría mitigar el riesgo de transmisión. Además, muchos de los manifestantes llevaban mascarillas y, en algunos lugares, parecían evitar agruparse demasiado.

“El aire exterior diluye el virus y reduce la dosis infecciosa que podría existir, y si sopla una brisa, eso diluye aún más el virus en el aire”, dijo William Schaffner, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad de Vanderbilt. “Literalmente corrían mucho, lo que significa que exhalan más profundamente, pero también que se cruzan entre todos muy rápido”.

Las multitudes tendían a ser más de jóvenes, señaló, y los adultos más jóvenes generalmente tienen mejores resultados si se enferman, aunque existe el riesgo de que puedan transmitir el virus a familiares y miembros del hogar que pueden ser mayores y más susceptibles. Pero otros estaban más preocupados por el riesgo que representaban las marchas. Howard Markel, historiador médico que estudia pandemias, comparó a las multitudes de manifestantes con los desfiles por la Primera Guerra Mundial celebrados en ciudades como Filadelfia y Detroit en medio de la pandemia de gripe de 1918, que a menudo fueron seguidos por picos en los casos de gripe.

“Sí, las protestas son al aire libre, pero todos están muy cerca los unos de los otros, y en esos casos, estar afuera no te protege tanto”, dijo Markel. “Las reuniones públicas son reuniones públicas, no importa que protestes o vitorees. Esa es una razón por la que no estamos teniendo juegos de béisbol masivos y es posible que no haya fútbol americano universitario este otoño”.

Aunque muchos manifestantes llevaban mascarillas, otros no. El SARS-CoV-2, el virus que causa la enfermedad de la COVID-19, se transmite principalmente a través de las gotículas que se propagan cuando las personas hablan, tosen o estornudan; gritar y corear consignas durante una protesta puede acelerar la propagación, dijo Markel.

El gas lacrimógeno y el espray de pimienta, que la policía ha utilizado para dispersar a las multitudes, hacen que las personas lloren y tosan, y aumentan las secreciones respiratorias de los ojos, nariz y boca, lo que aumenta más la posibilidad de transmisión. Los esfuerzos de la policía para mover multitudes a través de áreas urbanas estrechas pueden resultar en acorralar a las personas más cerca unas de las otras, o terminar encerrando a las personas en espacios reducidos.

Y las emociones están caldeadas, dijo Markel. “La gente se pierde en el momento y pierden la conciencia de quién está cerca de ellos, quién no, quién lleva una mascarilla, quién no”, dijo.

La mayor preocupación es la que ha afectado a los expertos en enfermedades infecciosas desde que comenzó la pandemia, y es el arma secreta del coronavirus: que puede ser transmitida por personas que no presentan síntomas y se sienten lo suficientemente sanas como participar en las protestas.

“Hay un gran número de portadores asintomáticos, y eso lo hace muy arriesgado”, dijo Markel.

Ashish Jha, profesor y director del Instituto de Salud Global, dijo que más de la mitad de las infecciones por coronavirus se transmiten por personas asintomáticas, incluidas algunas infectadas que nunca desarrollan síntomas y otras que aún no saben que están enfermas.

Arrestar, transportar o encarcelar a los manifestantes aumenta el potencial de propagación del virus. Jha pidió a los manifestantes que se abstengan de la violencia e instó a la policía a ejercer moderación.

Scott Gottlieb, excomisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos, que apareció en el programa Face the Nation de CBS el domingo, también predijo que las protestas llevarían a nuevas “cadenas de transmisión”.

Él dijo que las desigualdades sociales y económicas, incluido el acceso deficiente a la atención médica, la discriminación en los entornos de salud, una mayor dependencia del transporte público y diferencias en el empleo fueron factores que llevaron a una mayor carga de enfermedad de la COVID-19 entre las personas no blancas.

“Detener la pandemia dependerá de nuestra capacidad para cuidar a aquellos de nosotros que son más vulnerables médica y socialmente”, dijo Gottlieb. “Necesitamos resolver estos problemas subyacentes para eliminar el riesgo de propagación pandémica de la epidemia”.

El Departamento de Salud de Nueva York ofreció estos consejos a los manifestantes: “Usar mascarilla, usar protección en los ojos para prevenir lesiones, mantenerse hidratado, usar desinfectante para manos, no gritar —y usar mejor carteles—, mantenerse en grupos pequeños y estar a una distancia de dos metros de otros grupos”.

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