agosto 4, 2020

Lecciones sonoras de los animales para seducir

Agathe Cortés
El País

“Entender el cerebro de los animales es entendernos a nosotros”. Fernanda G. Duque, investigadora del Instituto de Neurociencia de la Universidad Estatal de Georgia, en Estados Unidos, está convencida de ello y asegura que las aves se comunican de la misma manera que el ser humano. En un estudio reciente publicado en Current Biology, la experta ha demostrado que una especie de colibrí llamada Estrellita Ecuatoriana (Oreotrochilus chimborazo) es capaz de cantar a frecuencias más altas de lo esperado, es decir, a más de 13,4 kilohercios. Hasta ahora, se pensaba que los pájaros no superaban los 8. “Esto ha retado nuestro conocimiento. Durante mucho tiempo, pensamos que los mamíferos tenían un rango auditivo más amplio por tener una cóclea más larga. Este estudio nos hace repensar en las otras formas que tiene el cerebro para adaptarse a los retos en su ambiente y generar una respuesta”, explica. La acústica en el mundo animal es muy amplia y esencial para la supervivencia, tanto para cazar, proteger su hábitat y criar como para reproducirse.

Existen unas cinco especies de colibríes capaces de generar altas frecuencias y es posible que no sean las únicas. Un aspecto curioso del estudio es que algunos de estos sonidos, destinados en parte a atraer a una pareja, no llegan al oído de otros pájaros ni al del ser humano. Las hembras son la clave del sistema: deciden con qué macho quieren aparearse en función de su canto. Cuanto más alto y largo, mejor. Estas melodías son más fáciles de escuchar e indica que el macho se está esforzando más, que tiene más energía y mejor salud porque puede hacer ese esfuerzo adicional. Además, los pájaros saben reconocer las notas y su calidad. Tienen una percepción auditiva mucho más precisa que el ser humano, según afirma la autora del estudio. Un aspecto que sería interesante analizar no es cómo producen sonido, sino más bien cómo lo escuchan.

Uno de los aspectos que más apasiona a Duque es la diversidad de sonidos y cantos que existen en el mundo de las aves. La hembra recibe una multitud de señales que sería interesante analizar, pues supone un reto a la hora de elegir pareja. “Los pájaros tienen un repertorio muy elaborado y complejo, pero siempre se ha investigado a los machos pensando que ellas son pasivas, pero en realidad son las que deciden y es importante ver cómo lo hacen y de qué depende”, insiste.

¿Cabe la posibilidad de que un macho que no sepa cantar se quede sin pareja? La respuesta es sí, pero algunos quizás tengan alguna oportunidad de encontrar su media naranja en función de la época reproductiva, pues la exigencia de las hembras varía. Si todavía no ha logrado tener crías y el final se acerca, la hembra puede ser más tolerante. La soledad de algunos machos también puede deberse a que ayudan al macho dominante a seducir. Los gallitos de las rocas (Rupicola peruvianus), por ejemplo, montan coros y danzas para desplegar un sistema de cortejo elaborado. “Los más jóvenes aprenden y probablemente un día tomen el papel de dominante y consigan aparearse. Pero es verdad que algunos nunca lo lograrán”, asume la experta.

Otra vía de investigación para entender mejor la orquesta que anima el cielo, son los duetos en los cuales las hembras también cantan. Ese fenómeno sirve para reforzar el vínculo de la pareja (en caso de que se trate de una ave monógama) y proteger el territorio. “Quedan todavía muchas cosas por descubrir”, dice Duque.

En el aire, hay otras especies que también dependen de la calidad de sus sonidos para ganarse a una hembra, así como los saltamontes y los mosquitos. Los resultados de un estudio demostró que tanto el tamaño corporal como la armonía de sus señales sonoras son determinantes del éxito del apareamiento masculino en los mosquitos Aedes aegypti.

Para las ranas, las operaciones colectivas para atraer a las hembras son esenciales. Ignacio de la Riva, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), explica que los machos utilizan dos tipos de notas. Las primeras se podrían definir como las agresivas mientras que las otras serían las atractivas. Unas son para proteger el territorio y alejar competidores, y las segundas, para seducir. En los anfibios, el criterio de selección es parecido al de las aves. Cuanto más potente sea el canto y con mayor cantidad de chasquidos, más le gustará a la hembra. “Unas especies tienen un saco vocal enorme para amplificar el sonido y otras, estructuras dobles”, describe el experto en anfibios.

Bajo su punto de vista, es muy interesante estudiar las vocalizaciones de estos animales, ya que están diseñados para evitar cruces de especies erróneos, como un mecanismo de aislamiento. ”Para un taxónomo que intenta describir especies es útil ver las diferencias de parámetro de canto porque son bastante fijas y permiten distinguirlas”, explica. El experto pide que se destruya el mito de que las ranas solo hacen croac, pues la variedad de sonidos es inmensa. “Tienen una paleta muy amplía que utilizan en función de sus necesidades y del contexto social. Si hay muchos ejemplares, sus ruidos serán mucho más intensos, por ejemplo”, asevera de la Riva.

Los mamíferos son más atractivos cuando son más grandes que sus rivales y lo saben. Por eso, algunos son capaces de fingir un mayor tamaño jugando con las frecuencias graves, según recuerda un estudio recopilatorio publicado en Nature Communications. Juan Carranza, experto en ungulados desde hace más de 20 años y catedrático de la Universidad de Córdoba, explica que con los ciervos pasa algo parecido, pues la potencia de la berrea del macho (que ocurre a mediados de septiembre) revela su calidad. Un estudio demostró que las hembras suelen sentirse atraídas por los machos que berrean durante más tiempo y con más fuerza y son capaces de adelantar su ovulación al escucharlos. Es lo que llaman, según relata Carranza, el “efecto macho”, ya que su presencia induce el celo de la hembra. Para demostrar eso, los investigadores reprodujeron artificialmente el sonido de la berrea y constataron que las hembras que lo escuchaban, ovulaban antes que las que no.

Otro grupo de científicos hizo el mismo experimento únicamente con machos. Al difundir una grabación de un sonido de tasa pequeña, los ciervos venían a atacar porque pensaban que se trataba de un rival poco peligroso. En cambio, una berrea fuerte y larga indica que el macho suele ganar peleas. Por lo tanto, si se reproducía un ruido con una tasa alta, los que lo escuchaban se retiraban. Cuenta Carranza que los sonidos permiten entender el comportamiento del ciervo. Cada sonido del animal va asociado a una cosa o a un movimiento. El ciervo produce tres sonidos distintos, uno largo para mostrar su potencia, otra más ronco que sale de la garganta y una especie de ladrido entrecortado para alejar a sus rivales.

Un estudio de la Universidad de Cornell (Nueva York, Estados Unidos), basado en datos de nueve años, ha cambiado ideas preconcebidas: los pandas gigantes no son silenciosos. Todo lo contrario. Producen sonidos durante la temporada de reproducción para coordinarse y expresar sus preferencias. Los resultados del trabajo muestran el potencial de las vocalizaciones de las cuales depende su éxito de apareamiento.

El agua es un medio eficaz para transmitir sonido e informaciones a largas distancias. Los peces también hacen lo que se nombra “llamadas de apareamiento” como se registró en tres especies llamadas Prochilodus argenteus, P. costatus y P. lineatus, según se publicó hace tres años. Por otra parte, una decena de crustáceos son capaces de emitir sonidos. Los cangrejos son un ejemplo curioso. Todavía muy misteriosos en cuanto a su estructura y su anatomía, estos animales también recurren a sonidos bajo el agua a la hora de reproducirse, tanto el macho como la hembra. Frente a todo esto, para Francesco Filiciotto, autor de un estudio sobre la especie Neohelice granulata e investigador del Consejo Nacional de Investigación de Italia, el foco más importante es el impacto que tiene el ser humano sobre estas comunicaciones vitales.

“Es el gran problema. El nivel de ruido en el agua ha aumentado unos 50 decibelios en los últimos 30 años”, explica Filiciotto. Sin embargo, los mensajes de los cangrejos, que recorren unos 200 metros, por ejemplo, no suelen superar los seis decibelios. En definitiva, el ser humano contribuye a reducir la comunicación que les permite alimentarse, protegerse y reproducirse. “La contaminación acústica hace que el agua se convierta en un desierto”, concluye el científico. Otra de las especies que más le intrigan son los moluscos que producen sonidos, pero el cómo lo hacen es un misterio todavía.

Estos son tan solo algunos ejemplos de animales que utilizan los sonidos como método de seducción para asegurarse una descendencia de la mejor calidad posible. La lista es larga.

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