agosto 11, 2020

Rumbo al límite del mundo

Manuel Dall’osto
El País

Viajo a bordo del buque científico Akademik Tryoshnikov, que partió el pasado 3 de agosto del puerto alemán de Bremerhaven rumbo noreste, hacia una de las zonas más remotas del planeta y de más difícil acceso: el corazón del Ártico. Formo parte de un grupo de unos 40 científicos y 36 tripulantes que vamos a dar el último relevo a la misión MOSAIC, la mayor expedición científica de la historia al Ártico.

Llevamos días remontando la accidentada costa noruega, a través del temperamental mar del Norte, y vamos teniendo buena mar. Se agradece un poco de calma tras unos meses en que el coronavirus ha obligado a cambiar los planes de viaje y nos ha sometido a una estricta cuarentena de dos semanas antes de embarcar (no era cuestión de exponerse a un brote en medio del Ártico). Pero cuando me uní a la misión, nadie dijo que fuese a ser fácil.

El Akademik Tryoshnikov nos ha llevado poco a poco al corazón del hielo ártico, adonde tenemos previsto llegar este 10 de agosto. Allí, atrapado en la banquisa y navegando a la deriva, nos espera el moderno rompehielos científico Polarstern, el protagonista de la misión MOSAIC, un consorcio internacional liderado por el Alfred Wegener Institut, de Alemania, y que agrupa un total de 600 investigadores de 19 países, con un presupuesto total de 140 millones de euros.

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) es la única institución española que participa en MOSAIC. Tiene dos proyectos de investigación del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC): uno que estudiará la masa y el grosor del hielo vía satélite y otro, el que lidero, que investigará la relación entre la materia biológica marina y la formación de las nubes. Estos proyectos, además, proporcionarán información a la Plataforma Temática Interdisciplinar Polar CSIC: Observatorio de zonas polares, que ha lanzado el organismo para estudiar el Ártico y la Antártida.

El Polarstern avanza encajado en la banquisa desde el pasado otoño y seguirá hasta el próximo octubre. Completará así un periplo épico de un año recogiendo todo tipo de mediciones sobre el singular sistema climático ártico. El conjunto de información recopilada permitirá pronosticar mejor el cambio climático global, ya que el calentamiento extremo en el Ártico afecta enormemente al clima en las latitudes más bajas, como en la que está situada España. Creo que, por ambición y por recursos movilizados, MOSAIC es la expedición científica del siglo.

El Polarstern es la base de operaciones de toda la misión. A su alrededor se despliega una red de puestos de observación colocados en el hielo en un área de unos 40 kilómetros. Tanto el rompehielos como esta red avanzan con la deriva natural de la banquisa a través del casquete polar y en dirección al Atlántico. Cuenta con el apoyo de otros rompehielos y de helicópteros. Decenas de científicos han ido rotando en el Polarstern y yo formo parte del quinto y último relevo.

Estos meses de verano son un momento clave para estudiar el hielo y la formación de nubes, puesto que el derretimiento ya ha comenzado y produce piscinas en la superficie del hielo marino que alteran su situación energética. Cuando el hielo finalmente se rompe, los conductos y canales resultantes liberan vapor de agua y aerosoles, lo que lleva a la formación de nubes en la atmósfera.

Y ahí entro yo. Mi investigación a bordo del Polarstern consiste en tomar mediciones atmosféricas y estudiar el impacto de la vida marina en la formación de las nubes. Las nubes son clave para regular la temperatura del planeta. Sin nubes tendríamos una Tierra mucho más cálida. Pero aún no entendemos bien cómo se forman y se deshacen, y eso nos está limitando mucho en las proyecciones de clima y de cambio climático. Mi objetivo es determinar qué sinergia se establece entre la materia de origen biológico y las nubes, qué tipo de plancton favorece más la formación de nubes.

Mientras repaso el trabajo que realizaré en el Polarstern, compenso la falta de internet con la lectura del libro Una specie di paradiso, de Franco Giliberto y Giuliano Piova, que narra la historia de Antonio Pigafetta (paisano mío de Vicenza, cerca de Venecia), el escritor que acompañó al explorador portugués Magallanes en lo que sería la primera circunnavegación del globo, al servicio de Carlos V de España. Nuestro viaje al Polo Norte también está siendo histórico, por el número de investigadores que participan y por la información que estamos obteniendo sobre el crucial clima ártico. Yo viajaré a bordo del Polarstern durante un mes y medio, un reto físico y científico considerable que iré contando en este blog cada semana (¡si el tiempo lo permite!).

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