27 de agosto de 2020

Unas bacterias sobreviven durante años en el espacio

Miguel Ángel Criado
El País

La vida en el espacio, sin protección frente a la radiación, el frío o calor extremos o al propio vacío, parece imposible. Sin embargo, una investigación demuestra ahora que en la Tierra hay un organismo capaz de sobrevivir ahí afuera durante años. Y lo logra de forma colectiva: los microbios de las capas exteriores de la colonia sucumben a los rayos ultravioleta pero protegen con su muerte a las que viven en el interior. A mayor grosor del cultivo, más longevidad.

Es lo que ha comprobado un grupo de investigadores japoneses que desplegaron varias cepas de dos de bacterias en el exterior del módulo de experimentación japonés (JEM) de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) durante la misión Tanpopo. Una, la Deinococcus aerius, fue descubierta en la atmósfera sobre Japón, donde recibe dosis importantes de radiación. La otra, la Deinococcus radiodurans, fue descubierta en los años 50 durante unos experimentos con rayos gamma para esterilizar la comida.

“La especie es resistente a la radiación de forma natural”, cuenta en un correo el biólogo de la Universidad de Tokio (Japón) Akihiko Yamagishi. Principal investigador de la Tanpopo, Yamagishi ya descubrió en 2018 la existencia de la D. aerius.“Esta bacteria no sufre el efecto de las dosis de radiación ionizante [registradas en el exterior de la ISS]. Pero muere rápidamente por la luz ultravioleta a no ser que se encuentre en forma de agregados”, añade el científico japonés.

Para comprobar hasta donde podían resistir, los investigadores desplegaron colonias de ambas bacterias de diferente grosor, desde un micrómetro (la milésima parte de un milímetro) hasta 1.500 micrómetros o 1,5 milímetros. Las recuperaron a los 384 días, tomaron muestras para comprobar su viabilidad y las volvieron exponer al espacio hasta los 769 días, repitieron rescate y de nuevo las dejaron fuera hasta cumplir un total de 1126 días expuestas a la intemperie espacial. Para controlar el estudio, también desplegaron colonias bacterianas en el interior de la estación internacional y en tierra

Los resultados de la investigación, publicados en Frontiers in Microbiology, muestran que las colonias de D. aerius más delgadas no soportaron el experimento. Pero las de D. radiodurans con un grosor de 0,5 micrómetros presentaron una viabilidad similar a las cultivadas en la Tierra. Observaron que a medida que pasaba el tiempo, las capas más exteriores de bacterias morían pero creaban una especie de manto protector para las que tenían por debajo.

Los científicos pudieron recuperar buena parte de las colonias con un simple proceso de rehidratación más de tres años después de empezar la exposición a la radiación. Proyectando las cantidades de supervivientes, las cifras indican que los agregados más gruesos podrían haber pervivido entre 15 y 45 años a una exposición continua a la radiación ultravioleta. Pero mucho más tiempo si se hallan protegidas por algún material.

“Los resultados sugieren que los deinococos radioresistentes podrían sobrevivir al viaje desde la Tierra y Marte y al revés”, comenta Yamagishi. El comentario no es gratuito. La misión espacial Tanpopo tiene por objetivo estudiar la viabilidad científica de la llamada panspermia, la hipótesis de que la vida no es exclusiva de la Tierra y ha viajado y viaja por el espacio a lomos de polvo espacial, meteoritos o fragmentos de otros planetas.

Hay quienes sostienen que las D. radiodurans podrían ser unas de esas viajeras espaciales. Su extraordinaria resistencia tiene difícil explicación: en la Tierra no se han dado dosis tan altas de radiación casi desde su origen, lo que descarta una presión selectiva para que apareciera esta adaptación. Así que o es un efecto secundario de otras presiones o venía de fuera ya así de resistente.

“Los científicos ya sabían que se puede transferir microbios entre planetas si están protegidos de la radiación ultravioleta, como en un meteorito. Sin embargo, la frecuencia de meteoritos que puedan portarla no sería muy elevada. Nuestros resultados muestran que es posible transferir bolitas de bacterias entre planetas mientras están vivas”, afirma Yamagishi. Pero el propio investigador reconoce que aún queda por explicar cómo podrían sobrevivir a la eyección de un planeta y la entrada y choque con el otro.

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