noviembre 20, 2020

La cinefilia de la cinefilia

Elsa Fernández – Santos
El País

Dear Werner es un diario filmado que, a través de su filiación a la aventura cinematográfica del cineasta alemán Werner Herzog, pretende encontrar su propia voz. Para ello, Pablo Maqueda, recrea uno de los episodios más insólitos de la vida del director de Aguirre, la cólera de Dios: el viaje a pie que Herzog emprendió de Múnich a París entre los meses de noviembre y diciembre de 1974 para reencontrarse con su admirada y enferma Lotte H. Eisner, la crítica e historiadora de cine que había huido del nazismo para acabar al timón junto a Henri Langlois de la Cinémathèque francesa. Una mujer, recuerda la película de Maqueda, que llegó a proteger con su propio cuerpo decenas de películas que de otra manera se hubiesen perdido para siempre. Herzog no filmó su peregrinaje de 22 días, solo escribió un ensayo que bajo el título Del caminar sobre hielo se publicaría unos años después. Es este texto la hoja de ruta que ha seguido Maqueda en su filme, realizado en solitario, empujado por la precariedad y frustración de un aspirante a cineasta sin otro capital que su cinefilia en los bolsillos.

Maqueda ya había demostrado antes su capacidad para idear proyectos en circunstancias adversas. En 2013 impulsó una de las iniciativas más estimulantes nacidas bajo la crisis: LittleSecretFilm, una plataforma que proponía un modelo de producción bajo mínimos y siguiendo unas normas similares a las de Dogma 95. Se trataba de una serie de rodajes clandestinos en 24 horas y de una exhibición online que sirvió para conocer sensibilidades dispares situadas al margen del cine industrial y también de las habituales corrientes del de autor, un cine de guerrilla del que nacieron joyas como Cinema verité, verité, de Elena Manrique.

En Dear Werner, Maqueda, harto de no encontrar eco para sus historias en los canales de producción, se dirige en inglés a Herzog como a un faro en la niebla de un sistema que le niega. Paradójicamente, la película gana cuando se aleja de la voz que le inspira para buscar sus propias preguntas y respuestas. Que Maqueda tienda a imitar la inimitable solemnidad retórica de Herzog resulta algo naíf, pero el principal escollo del documental está implícito en una frase del propio cineasta, que aunque prestó su asesoramiento para el guion y participa en la historia con una serie de audios en los que lee su ensayo, no quiso sumarse a la promoción. Desde la complicidad, el agradecimiento y sobre todo la sabiduría, dejó así caer a su devoto seguidor el problema de raíz: “Yo no quiero estar involucrado en una reflexión sobre una reflexión sobre una reflexión…”.

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