noviembre 20, 2020

¿Quién escribió ‘Ciudadano Kane’?

Gregorio Belinchón
El País

“¿Qué habría dicho si hubiera ido a la ceremonia a recoger el Oscar? Pues que me alegra recibir este premio tal y como fue escrito el guion. Es decir, en ausencia de Orson Welles”. Así acaba Mank, la nueva película de David Fincher, que se estrena hoy viernes en un puñado de salas antes de su lanzamiento el 4 de diciembre en la plataforma Netflix. El protagonista del filme y el hombre que realizó ese (impostado) discurso de agradecimiento son la misma persona: Herman J. Mankiewicz, coguionista de Ciudadano Kane junto a Orson Welles, que se vio favorecido en los premios de la Academia de Hollywood de 1942 por el desdén que mostró la industria al genio recién llegado de la costa Este. De sus nueve candidaturas al Oscar, Ciudadano Kane solo consiguió una estatuilla, la del guion original (Mank era muy apreciado), y ninguno de los dos escritores acreditados del filme (hubo más) estaban presentes durante esa velada de galardones en el hotel Baltimore. El estreno de Mank ha resucitado un debate curiosamente ya zanjado desde hace años entre historiadores de cine: ¿quién escribió Ciudadano Kane? ¿Quién es el padre de Rosebud?

A la segunda pregunta hay una respuesta rápida: Mankiewicz inventó la última palabra pronunciada antes de morir por Charles Foster Kane, como recurso dramático que encadena la investigación que realiza un periodista a la caza de los secretos del fallecido magnate de la prensa. Welles quería usar un verso de algún poema, pero nunca encontró uno a la altura, y nunca dudó en cederle el honor a su compañero de escritura. La otra duda no queda resuelta en Mank, en la que Fincher retrata los dos meses que estuvo encerrado en un rancho en Victorville (California) —y en cama, con la pierna rota por culpa de un accidente de coche, dictando cada palabra a una secretaria— Mankiewicz escribiendo las dos primeras versiones del guion. El libreto de Mank es obra del padre de David Fincher, Jack, que cuando se jubiló como responsable de la delegación de la revista Life en San Francisco se dedicó a escribir guiones. Este en concreto estuvo a punto de dirigirlo su hijo en los noventa, con Kevin Spacey como protagonista (ahora lo interpreta Gary Oldman). Pero David quería rodarlo en blanco y negro, la productora Polygram se asustó y Jack falleció en 2003 sin verlo en la pantalla. Cuando el año pasado Fincher se declaró harto de invertir su vida en la serie Mindhunter, Netflix le dio carta blanca para que rodara lo que quisiera. Y Mank resucitó… aunque también con un profundo proceso de reescritura: Fincher hijo vio que su padre estaba demasiado imbuido por la tesis errónea de la célebre crítica de cine Pauline Kael.

“Mank me provoca sensaciones contrapuestas. Es muy inteligente y a la vez muy discutible”, cuenta Esteve Riambau, uno de los grandes expertos mundiales en Orson Welles, autor de cuatro libros sobre este creador y director de la Filmoteca de Catalunya. “En realidad, esto viene de Kael y de su ensayo en The New Yorker, un artículo muy innoble que atacó a Welles justo en sus peores momentos”. En febrero de 1971 la crítica publicó Raising Kane, un larguísimo artículo en el que apostaba por Herman Mankiewicz como el principal, si no único, autor del guion de Ciudadano Kane. “Además acusaba a Welles de haberse opuesto a que Mank apareciera en los créditos”, recuerda el historiador. En pro del cineasta entró su adalid Peter Bogdanovich, que refutó la teoría en la revista Esquire en el artículo The Kane Mutiny. “Después de esto, se han publicado numerosas biografías, incluida una de Mankiewicz, que atajaba cualquier duda, y varios estudios sobre la película”, cuenta con conocimiento de causa Riambau: posee más de 120 libros sobre Orson Welles.

Si en Mis almuerzos con Orson Welles (Anagrama), que reúne las conversaciones entre el cineasta y Henry Jaglom, Welles regatea hablar de su peli, salvo para decir cosas como “Kane es una comedia, porque las comedias también pueden exagerar. Todo el asunto de Xanadú es un poco exagerado. Y Sartre, que no tiene sentido del humor, no la entendió”, para explicar su fracaso en Francia; en Ciudadano Welles (Grijalbo) Bogdanovich sí le pregunta por el proceso. Y Welles describe algo corroborado posteriormente por los biógrafos de Mank —por ejemplo, en The Encyclopedia of Orson Welles, en la entrada referida al coguionista—: “Perdíamos tanto en disputas, que una vez que estuvimos de acuerdo sobre la línea argumental y el personaje, Mank se marchó e hizo su versión”. Buen momento para recordar, como señala Welles, que recluir al escritor era la mejor manera de salvarle de su autodestrucción, de una adicción al alcohol que saboteó toda la carrera del hermano mayor de Joseph L. Mankiewicz (Julio César, Eva a desnudo), de un brillante y reputado escritor, periodista miembro de la mítica mesa redonda del Algonquin, y que abandonó Nueva York atraído por los cantos de sirena de Hollywood. Como se ve en Mank, él a su vez fue reclutando a cualquiera que en la costa Este supiera construir frases con ingenio, como Ben Hecht. Con Welles ya había trabajado en varias producciones del Mercury Theatre, la compañía independiente teatral del niño prodigio, y cuando con 24 años le llamaron de Hollywood, recordó a Mank y le contrató para que le ayudara con un guion mientras él hacía otras dos películas previas.

Porque Ciudadano Kane no iba a ser la primera película de Welles. Ni la segunda. Pero problemas presupuestarios hundieron su versión de El corazón de las tinieblas, de Conrad, y RKO, que le había contratado, le apretó. El auténtico magnate William Randolph Hearst, amigo del padre de Welles, supuso la semilla del guion. Fue Welles quien se lo contó a Mank, y no al revés, como testimonia Charles Lederer, otro enorme guionista, maestro de la screwball comedy, y que asistió a aquella conversación. Lederer lo recuerda bien porque era sobrino de Marion Davies, la jovencísima actriz esposa de Hearst, que en realidad nada tenía que ver con la rubia tonta de Ciudadano Kane. “Marion era una mujer extraordinaria. Mi sensación fue que tenía razón para sentirse disgustada por eso”, le confiesa Welles a Bogdanovich. Por cierto, Lederer le contó a Bogdanovich cómo se quejaba Mankiewicz de los cambios ya durante esos dos meses de encierro.

Quien realmente desmonta a Kael es Robert L. Carringer, autor del impresionante Cómo se hizo Ciudadano Kane (Ultramar). El estudioso analiza todas las diferentes versiones del guion, las dos primeras de Mank (titulado American), y cinco más de Welles sin Mank. El cineasta aleja a Kane de ser una fotocopia de Hearst para darle un vuelo propio, y elimina y pule numerosas páginas: aunque la estructura y los personajes principales permanecen, el tono y las secuencias varían bastante, y crea toda la fluidez visual. Eso sí, ninguno bautizó el filme: fue George Schaefer, jefe de RKO, quien pensó en Ciudadano Kane.

“Mankiewicz tiene muchos guiones en los que no fue acreditado, en este sí”, subraya Riambau. “Y no fue Welles quien no quiso que apareciera en los créditos. Mank es curiosa porque ataca al Welles guionista, le caricaturiza como persona y sin embargo muestra una adoración casi patológica sobre el Welles director, calcando algunas secuencias de Ciudadano Kane”. Y señala que olvida cómo se trabajaba en Hollywood, con múltiples reescrituras de guion antes de llegar al rodaje, y al Oscar; en Mank en cambio Fincher prefiere la elipsis.

Solo una vez más cruzaron sus pasos Welles y Hearst, que obviamente odiaba el proyecto desde el primer día en que supo de él. “Me encontré a solas con él en un ascensor en el hotel Fairmont, en la noche del estreno de Ciudadano Kane en San Francisco. Él y mi padre fueron buenos amigos, así que me presenté y le pregunté si le gustaría asistir a la gala”, le cuenta Welles a Bogdanovich. “No me respondió y estaba a punto de bajarse en su piso cuando le insistí: ‘Charles Foster Kane hubiera aceptado’. No hubo réplica, y Kane me la hubiera dado”.

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