agosto 20, 2021

10 mitos sobre los dinosaurios que el cine nos hizo creer

National Geographic

Las especies no se mezclaban
Quienes hayan visto En busca del valle encantado tal vez recuerden al especista padre de Cera amonestando a su hija porque “los trescuernos nunca juegan con los cuellolargos”. El cine, y a veces incluso los documentales, tienden a mostrar a las especies de dinosaurios haciendo cada una su vida separada. Pero la paleontología nos dice lo contrario, puesto que en una misma zona se pueden encontrar esqueletos de especies que vivieron en el mismo periodo geológico y que, con toda seguridad, compartieron hábitat. Y esto no se aplica solo a los herbívoros, puesto que también los depredadores compartían -de forma seguramente más conflictiva- territorio de caza. Por ejemplo, en lo que hoy es el norte de África existieron al mismo tiempo dos de los depredadores terrestres más temibles de la historia, el Spinosaurus y el Carcharodontodaurus.

Los pterosaurios eran dinosaurios
Ninguna película de dinosaurios está completa sin sus seres voladores. Al fin y al cabo, ¿qué puede ser más terrorífico que un reptil enorme agarrándote por sorpresa y llevándote hasta su nido para que sus crías te devoren vivo? Pero por muy resultones que sean, los pterosaurios no son dinosaurios, sino un orden distinto de arcosaurios; por así decirlo, son primos lejanos. Los dinosaurios, con la sola excepción de las aves, eran animales terrestres con una anatomía muy diferente a la de los pterosaurios, cuyo esqueleto está desarrollado específicamente para el vuelo. Te explicamos las diferencias más a fondo en este artículo.

Había dinosaurios acuáticos
Al hilo de lo anterior, si los dinosaurios no eran voladores, tampoco eran nadadores. Los ictiosaurios, plesiosaurios y mosasaurios se encuentran muy lejos de los dinosaurios en el árbol evolutivo. En cuanto a estos últimos, aunque algunos se alimentaban de peces, lo hacían en aguas poco profundas y seguramente de forma más parecida a la de los pájaros ribereños. Estudios recientes afirman que ni siquiera los dinosaurios “pescadores” se sumergían en el agua para cazar, porque su anatomía no habría permitido el desarrollo de los músculos necesarios para perseguir a sus presas de manera efectiva.

Su piel era monocroma y de colores poco variados
Los dinosaurios que vemos en la pantalla a menudo lucen un solo color o dos a lo sumo, normalmente de tonos marrones o verdes. Basta echar un vistazo a los reptiles actuales para darnos cuenta de cuán falso es este tópico: si los camaleones o las serpientes pueden tener muchos colores, ¿por qué no iban a tenerlos también los dinosaurios? De hecho, en algunos fósiles pueden encontrarse trazas de melanina que delatan que no solo lucían colores variados, sino que estos formaban patrones como rayas o manchas, bien para camuflarse con su entorno, para atraer a potenciales parejas u otros usos.

Dinosaurios “viajeros del tiempo”
¿Cuántas veces habremos visto compartir pantalla a especies que vivieron con millones de años de diferencia? Por poner un ejemplo clásico, entre los últimos estegosaurios y los primeros tiranosaurios hay un espacio de 76 millones de años, mientras que “solo” 66 nos separan a nosotros de los últimos tiranosaurios. Es más, las especies se desarrollaron en entornos muy diversos: el clima del Triásico, cuando aparecieron los primeros dinosaurios, era extremadamente seco y caluroso; mientras que el del Cretácico, la etapa final de la era mesozoica, era tropical o subtropical. Por lo tanto, las que prosperaron en un momento dado habrían perecido sin remedio en otro.

Los temibles velociraptores
Entrando en mitos más específicos, seguramente el dinosaurio más sobrepotenciado del cine sea el Velociraptor. Porque los “raptores” de Parque Jurásico en realidad no están inspirados en el Velociraptor sino el Deinonychus, un pariente de la misma subfamilia, los velociraptorinos. Los Deinonychus poseían la característica garra curva en las patas traseras, pero no llegaban al metro de alto; el Velociraptor era aún más pequeño (medio metro de altura) y tenía una cabeza más alargada. Sus dientes en forma de sierra sin duda los harían peligrosos, pero no imponían tanto como el cine nos ha hecho creer.

Y los aún más temibles tiranosaurios
Sin duda, a nadie le gustaría ser perseguido por un tiranosaurio. Sin embargo, la buena noticia es que habría tenido posibilidades reales de escapar corriendo. La razón es que, cuanto más grande era un dinosaurio, más lentamente se movía debido a su enorme peso; el tiranosaurio en concreto podía pesar entre 6 y 8 toneladas, 10 como máximo, y era bípedo. Un animal de esa constitución tenía muchas posibilidades de dañarse los huesos de las patas si echaba a correr, por lo que lo máximo que habría hecho en circunstancias normales sería trotar ligeramente: según modelos computerizados su velocidad punta podría rozar los 25 Km/h, pero durante muy poca distancia debido al gran estrés que sufrirían los huesos de las piernas.

Es posible clonar dinosaurios
Esto tal vez esté fuera de discusión, pero por si alguien aún fantasea con esa posibilidad, hay que decirle que clonar dinosaurios es pura fantasía. El ADN necesario para ello es una molécula que se degrada fácilmente y que, de ninguna manera, podría perdurar durante millones de años. Los problemas no terminarían aquí, ya que haría falta introducir dicho ADN en un óvulo de una especie compatible. Si los cruces entre especies más emparentadas, como tigres y leones, a menudo producen ejemplares estériles, esperar que el ADN de dinosaurio se desarrolle en un óvulo de ave -sus parientes más cercanos- es una quimera.

Los dinosaurios dominarían el mundo actual
Aunque por obra de algún milagro científico se consiguiera clonar dinosaurios, estos no podían sobrevivir en la Tierra tal y como es ahora. Y mucho menos volver a ser los reyes del planeta. Según los modelos simulados en base a la composición del ámbar prehistórico, la atmósfera y el clima en la era mesozoica eran muy diferentes de la actualidad, una diferencia más marcada cuanto más retrocedemos en el tiempo: incluso en el Cretácico, el último periodo de la era de los dinosaurios, los niveles de oxígeno eran hasta un 10% inferiores y la temperatura unos 10 ºC superior a la actual.

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