28 de febrero de 2022

El alma elástica de los ‘mods’

Diego A. Manrique
El Pais

A Eddie Piller (Essex, 60 años) le conocimos en España como una de las cabezas pensantes del acid jazz, subgénero londinense que devolvió brevemente el jazz a las pistas de baile, con propuestas como James Taylor Quartet, Us3, los Brand New Heavies o Jamiroquai. Astutamente, el sello que fundó con Gilles Peterson se llamó Acid Jazz Records.

El movimiento fue devorado por las grandes compañías, que rentabilizaron sus momentos de gloria comercial. Y Piller, que incluso había fantaseado con colar el nuevo flamenco en los clubes de Londres, volvió a sus ocupaciones habituales: aparte de mantener encendida la llama de Acid Jazz Records, ejerce como pinchadiscos y confeccionador de antologías de música mod.

Su más reciente trabajo es British Mod Sounds of the 1960s, una colosal compilación de 100 temas disponibles en CD (Edsel) o vinilo (Demon). No es una selección pensada para fundamentalistas, que pueden recelar ante la inclusión de Tom Jones, John Mayall, Elton John (como parte del grupo Bluesology) o Lemmy Motörhead (que debutó discográficamente con los Rocking Vickers). Piller reconoce que le hubiera gustado contar con la presencia de los Beatles de Revolver, los primeros The Rolling Stones, el Van Morrison de Them, los inicios blues de Pink Floyd… pero, ay, son artistas caros de licenciar y que prefieren distanciarse de antiguas tendencias.

Sí participan futuras estrellas que vivieron el mundillo mod con mayor o menor compromiso: David Bowie, Marc Bolan (parte de los escandalosos John’s Children), Stevie Winwood (punta de lanza del Spencer Davis Group), Ronnie Wood (The Birds), Rod Stewart. Dos vectores coincidían en su militancia mod: la querencia por la música negra más un estilo indumentario y capilar inspirado por modas continentales, filtradas por Carnaby Street.

El término derivaba de las batallas en el mundillo del jazz británico, que enfrentaban a los trads (seguidores del risueño jazz al estilo Nueva Orleans) con los modernistas (abreviando, mods) que incorporaban los hallazgos del bebop neoyorquino. Trasladado al campo del pop, también se podría diferenciar entre los mods puristas, felices de moverse dentro de los cánones del blues o el soul, y los mods aperturistas, que renovaron su vocabulario instrumental y ampliaron su temática, dando así lugar a un subgénero luego bautizado como freakbeat, que en algunos casos desembocó en la psicodelia de 1967.

Esas metamorfosis quedan reflejadas por Eddie Piller en los cien nombres recogidos en British Mod Sounds of the 1960s. Cada participante está representado por una canción y esa limitación, unida a las citadas cuestiones de permisos, no reflejan la maduración de autores como Jagger-Richards, Ray Davies o Bowie (de todos modos, el disco más mod de David es una colección de versiones, Pinups, con fecha de 1973).

Y está la eterna cuestión de la autenticidad. Quizás el grupo más querido por la tropa mod fueran los Small Faces, pero no llegaron a facturar genuinos himnos generacionales. Por el contrario, sí lo hicieron The Who, que se reconocían intrusos, empujados por sus representantes a subirse al autobús. Es más: Pete Townshend codificó las experiencias y frustraciones del mod en su ambicioso doble Quadrophenia (1973), convertido en película en 1979, justo a tiempo de catalizar el mod revival, la resurrección del movimiento a escala internacional.

Piller lo explica con elocuencia. Como muchos de sus coetáneos, se sintió atraído por las posibilidades expresivas abiertas por el punk rock. Sin embargo, decidió que los mods tenían mejores referencias musicales y, desde luego, demostraban más clase a la hora de vestirse. Puede que, al fin y al cabo, las diferencias sonoras no fueran tan grandes: London Calling (1979), la obra cumbre de The Clash, fue producida por Guy Stevens, un mod de la primera hornada.

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