4 de marzo de 2022

Del ‘Libro de los juegos’ de Alfonso X el Sabio

Carlo Fabretti
El Pais

En el molino, cada jugador dispone de nueve fichas -u “hombres”- que se mueven, sobre un tablero formado por tres cuadrados concéntricos conectados, entre las veinticuatro intersecciones de sus líneas. El objetivo del juego es dejar al contrincante con menos de tres fichas o sin poder mover ninguna. El juego comienza con el tablero vacío, y los jugadores se turnan para ir colocando sus fichas una a una en las intersecciones libres. Cuando un jugador forma un “molino” -es decir, una fila de tres fichas sobre una de las líneas del tablero- elimina una de las fichas de su contrincante (que no forme parte de un molino, siempre que sea posible). Una vez colocadas las dieciocho fichas, los jugadores se turnan moviendo una cualquiera de las suyas, sobre una de las líneas del tablero, a una casilla contigua libre. Como ya se ha señalado, pierde la partida el jugador que no puede mover ninguna de sus fichas, o al que solo le quedan dos.

A pesar de su aparente sencillez, es un juego de considerable complejidad combinatoria. Se ha calculado que hay del orden de 1010 posiciones compatibles con las reglas del juego, y unas 1050 partidas posibles, y hasta finales del siglo pasado no se demostró que, si ambos jugadores siguen la mejor estrategia posible, la partida termina necesariamente en empate. En 2007 se demostró que lo mismo ocurre con las damas, en la versión de doce fichas por bando sobre tablero de 8×8, y algunos creen que el resultado es extrapolable al ajedrez, o sea que, si ambos jugadores siguen en todo momento la mejor estrategia posible, la partida siempre terminará en tablas, lo que equivale a decir que no existe una estrategia ganadora en el ajedrez; aunque, dada la enorme complejidad del juego, aún se está lejos de poder demostrarlo. Pero ¿se puede demostrar que no hay una estrategia ganadora para las negras?

En la figura vemos una partida de molino en la que ambos jugadores han colocado sus nueve fichas en el tablero sin que ninguno de los dos comiera ninguna. ¿Podemos deducir cuál fue la última jugada? ¿A quién le toca mover? ¿Qué debería hacer?

¿Y qué decir de la partida representada en la ilustración del Libro de los juegos de Alfonso X el Sabio? Las fichas negras son bien visibles, y observando el tablero con atención se pueden ver las blancas, casi transparentes, con la cabeza (son como peones de ajedrez) orientada hacia la izquierda. ¿El ilustrador representó una partida real o dibujó las fichas de cualquier manera? En el primer caso, estaríamos ante la primera partida de molino documentada (siglo XIII). ¿Qué pueden decir de ella mis sagaces lectoras/es?

El molino, como los demás juegos derivados del alquerque (que, como vimos la semana pasada, daría lugar a las damas al fusionarse con el tablero de ajedrez), tiene distintas variantes. Una de ellas es el molino de doce, en el que cada jugador dispone de doce fichas y el tablero incluye las diagonales. Al haber el mismo número de fichas que de intersecciones, puede suceder que el tablero se llene por completo en la fase de colocación, y en ese caso la partida termina -es un decir- en empate, pues no es posible realizar movimiento alguno.

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