23 marzo 2022

Charles Fefferman, un matemático versátil y profundo

Antonio Córdoba
El Pais

El premio Fronteras del Conocimiento en Ciencias Básicas de la Fundación BBVA ha sido otorgado este año al matemático Charles Fefferman, junto con François Le Gall. El distintivo se añade a la impresionante lista de honores que Fefferman ha recibido a lo largo de su carrera: el Premio Wolf (2017), el Premio Bôcher (2008), el Premio Bergman (1992), la Medalla Fields (1978), el Premio Alan T. Waterman (1976) y el Premio Raphael Salem (1971).

Profesor en la Universidad de Princeton, Fefferman es también director del Laboratorio de Mecánica de Fluidos en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) y, desde el año 1990, Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid. Considerado como uno de los matemáticos más importantes de todos los tiempos, su obra destaca por su profundidad y versatilidad. Ha contribuido a diversas áreas de las matemáticas: análisis armónico, ecuaciones diferenciales, varias variables complejas, geometría conforme, mecánica cuántica y mecánica de fluidos, junto a incursiones más esporádicas en otros temas, tales como redes neuronales, matemática financiera o cristalografía.

Esta versatilidad le ha permitido abrir nuevos caminos en distintos campos. Preguntado sobre su resultado favorito, suele responder que el último en que está trabajando es el que más le interesa. Pero, si ha de escoger uno, quizás sería la demostración de que BMO –el espacio de funciones de oscilación media acotada– es el dual del espacio de Hardy –espacio de funciones analíticas en el disco unidad–. Aquel hito no solo supuso un gran paso adelante para el análisis armónico, sino que además lo obtuvo a partir de una afortunada inspiración, que luego necesitó solo un par de semanas de trabajo, a diferencia de otros resultados que le han llevado más tiempo, a veces más de 20 años.

Según Fefferman, “los problemas parecen escogerme a mí. Es muy excitante. Un problema te elige y no puedes parar de pensar sobre él. Al principio intentas alguna estrategia que parece idónea, pero no funciona, ¡y uno se siente machacado! Intentas luego algo diferente, pero tampoco funciona: ¡te sientes golpeado otra vez! Al tiempo, obtienes algunas buenas ideas que empiezan a ensamblarse… Es muy emocionante. Finalmente, uno logra resolverlo completamente y eso es un gran subidón”.

Nacido el 18 de abril de 1949 en Silver Spring (Maryland, EE UU), Fefferman fue un niño prodigio que se licenció en Matemáticas y Física en la Universidad de Maryland a la edad de 17 años, doctorándose en 1969 en Princeton, bajo la dirección de Elias Stein. En 1971, como destacaron las revistas Time y Newsweek de aquel año, se convirtió en el catedrático más joven de la historia en los Estados Unidos, tras obtener el puesto en la Universidad de Chicago.

Allí fue donde conocí a Fefferman (Charlie, para los amigos), durante el curso académico 1971-72, cuando yo era estudiante de doctorado y él un flamante nuevo catedrático. Nos encontramos en el mítico seminario de Calderón-Zygmund y al final de ese año Charlie aceptó ser mi director de tesis. Fue el inicio de una amistad y colaboración que hemos mantenido a lo largo del tiempo.

En el número especial de la revista Notices de la AMS, titulado ”Ad honorem Charles Fefferman”, que coordiné, un distinguido grupo de matemáticos aportaron escritos sobre la obra de Fefferman. Entre ellos, Elias Stein, premio Wolf en 1999, afirmó: “Los épicos primeros cinco años (1969-1974) del gran trabajo de Charlie Fefferman fueron un breve periodo en el que transformó nuestra visión de varios temas importantes del análisis armónico, con sus muchas ideas innovadoras, en una intensa serie de logros que es única en la historia moderna de las matemáticas”.

Louis Nirenberg, premio Abel en 2015, declaró: “Considero a Charlie uno de los matemáticos más profundos y brillantes que he conocido a lo largo de mi vida. Es también un orador excelente y siempre resulta un placer leer sus artículos”.

Asimismo es un excelente maestro. Hasta la fecha, Charlie ha dirigido la tesis doctoral de siete españoles, la mayoría recomendados por mí. Ha sido también un editor muy activo de la Revista Matemática Iberoamericana y ha disfrutado de largas estancias en Madrid, una ciudad que le encanta. Por mi parte, considero un privilegio gozar de su amistad y colaboración científica.

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