29 marzo 2022

Un nuevo intento para lograr el anticonceptivo oral masculino

Daniel Mediavilla
El Pais

La primera píldora anticonceptiva para mujeres fue desarrollada en la década de 1950 por un equipo científico liderado por Gregory Pincus y financiado por la sufragista Katharine McCormick. La combinación de hormonas diseñada por Pincus alteraba el ciclo menstrual y suprimía la ovulación, superando así un reto tecnológico difícil impulsado por el interés de millones de mujeres que buscaban control sobre sus embarazos. Durante décadas, se ha tratado de desarrollar una píldora similar para los hombres pero, por el momento, los esfuerzos no han puesto en el mercado un producto así. En la reunión primaveral de la Sociedad Química Americana (ACS, de sus siglas en inglés), un grupo de investigadores de la Universidad de Minnesota (EE UU) presentó la semana pasada los resultados de un estudio en ratones que muestra el potencial de una píldora anticonceptiva no hormonal masculina.

Muchos de los compuestos que se están probando para evitar la producción de espermatozoides aplican un mecanismo hormonal, como el femenino, pero en este caso con la testosterona como objetivo. Dado el intrincado equilibrio hormonal de los seres vivos, tocar una tiene un impacto sobre otras y los efectos secundarios, como bien conocen muchas mujeres que toman la píldora, son frecuentes. En el caso de los hombres, el incremento de peso, la depresión o la falta de deseo son algunos de los que se han encontrado durante los ensayos clínicos de estos fármacos. Así, entre los anticonceptivos masculinos, el más utilizado sigue siendo el preservativo, que fue probado por primera vez a gran escala por Gabriele Falloppio (el de las trompas) durante la terrorífica epidemia de sífilis del siglo XVI en Europa.

Abdullah Al Noman, responsable de la presentación en la ACS, explicó que su alternativa superaría los problemas mencionados. El equipo de Minnesota creó un compuesto diseñado para bloquear una forma de vitamina A, el receptor alfa del ácido retinoico, muy importante en la formación del esperma. Antes, ya se había observado que bloqueando el gen que produce esa proteína en ratones los vuelve estériles sin efectos secundarios aparentes y los investigadores del laboratorio de Noman, liderado por Gunda Georg, buscaron una molécula con el mismo efecto. Estudiando la estructura de la proteína, probaron un centenar de compuestos que pudiesen inhibir el ácido retinoico de manera selectiva hasta que llegaron a un compuesto bautizado como YCT529. Cuando se lo dieron a los ratones, el número de espermatozoides en sus eyaculaciones cayó en picado y los embarazos se redujeron en un 99%. Además, cuando los animales dejaron de tomar la píldora, recuperaron su capacidad reproductiva en menos de un mes y medio.

José Gutiérrez Ales, presidente de la Sociedad Española de Contracepción, considera interesantes los resultados. “El tener una capacidad tan elevada para fijarse al receptor alfa, le confiere una especificidad muy deseable en cualquier fármaco, porque, en principio, va a tener solo los efectos deseados”, apunta. “Aunque el paso a humanos siempre da sorpresas”, añade. El ginecólogo del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla ve como una ventaja que, “no va a interferir en el equilibrio hormonal de quienes los tomen” y que no haya dudas sobre la recuperación de la fertilidad. No obstante, además de esperar a las pruebas en humanos, que los investigadores prevén comenzar a finales de este año, Gutiérrez Alés no descarta que se deseche, “como se ha hecho con tantos productos”, pese a las buenas perspectivas.

Georg, que, además de directora del departamento de Química Médica de la Universidad de Minnesota es consultora de YourChoice Therapeutics, la compañía que tiene los derechos del YCT529, también está esperanzada con los resultados de los estudios animales, pero reconoce que “solo los ensayos clínicos [en humanos] mostrarán si este fármaco efectivo, sin efectos secundarios y reversible se hace realidad”. Georg ya ha tenido la experiencia de lo difícil que es dar el salto de los buenos resultados en modelos animales al mercado. Hace unos años, el gamendazole, otra alternativa anticonceptiva no hormonal, mostró su efectividad en ratones, pero, según explica la investigadora, se abandonó su desarrollo “porque la duración de la patente no daba tiempo suficiente para hacerla llegar al mercado en un tiempo razonable”.

En el pasado, la combinación entre dificultad y falta de interés ha impedido la llegada de alternativas anticonceptivas para los hombres más allá del condón y la vasectomía. Por un lado, bloquear la producción de millones de espermatozoides por eyaculación parece más difícil que hacer lo mismo con un solo óvulo. Sin embargo, algunos ensayos clínicos en humanos han logrado hacerlo con éxito.

Uno de los que llegó más lejos fue el liderado por Douglas Colvard, de la organización CONRAD (Investigación y desarrollo en contracepción, de sus siglas en inglés) y amparado por la Organización Mundial de la Salud. Aplicado en forma de inyección, observó a 266 participantes durante algo más de un año. En ese tiempo se produjeron cuatro embarazos y en el 94,8% de los casos, la capacidad para producir espermatozoides regresó durante el año posterior al abandono de las inyecciones. En las conclusiones, se afirmaba que la eficacia era “relativamente buena” comparada con otros métodos disponibles para los hombres, aunque se reconocía que la frecuencia de trastornos del ánimo “leves y moderados era relativamente alta”. Un informe de un comité externo encargado de velar por la seguridad hizo que el reclutamiento de pacientes y las inyecciones se detuviesen antes de tiempo y la investigación encalló. Otro ensayo con más de mil personas realizado en China con un anticonceptivo hormonal inyectable también mostró que podía limitar lo necesario la producción de esperma, sin embargo, la compañía que desarrollaba el fármaco, Zhejiang Xian Ju Pharmaceutical, nunca intentó llevarlo al mercado.

El éxito de la píldora femenina ha reducido el interés comercial de la masculina. Quienes se quedan embarazadas y cargan con una mayor parte de las consecuencias de un embarazo no deseado, incluso en una pareja estable, son las mujeres. Las empresas farmacéuticas y los ginecólogos argumentan que, con frecuencia, ellas no se fiarían de que los hombres tomen las pastillas cuando es debido. También que la mayoría de ellos no aceptarán el incordio y los inconvenientes de asumir su parte de responsabilidad en un problema que la medicina, aunque con una cantidad importante de efectos secundarios, ya ha resuelto. Con este panorama, cuando aparece el mínimo problema en un tipo de fármacos que iría dirigido a personas sanas se detienen los estudios.

En ciencia, se suele decir que la fusión nuclear, que proporcionaría una cantidad casi infinita de energía de forma constante y casi sin contaminación, lleva décadas estando a 20 años de hacerse realidad. Con el fármaco anticonceptivo masculino sucede algo similar. Esfuerzos como los de Georg y su equipo tratan de dejar la broma obsoleta, pero es probable que para lograr el cambio no valga solo la ciencia y la tecnología.

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