4 abril 2022

El luto de perros y gatos por la pérdida de un compañero

Abel G.M
National Geographic

La ciencia ha demostrado empíricamente lo que muchos que hayan tenido mascotas ya sabían: los animales de compañía, en particular los perros y gatos, sienten la pérdida de un compañero cercano y pasan por un proceso que puede considerarse como un luto en toda regla.

Los comportamientos que podríamos llamar “de luto” se han observado en muchas especies salvajes que viven en sociedad como elefantes, lobos o grandes simios. En la naturaleza dichos comportamientos suelen darse entre individuos emparentados entre sí, especialmente entre madres y sus crías o entre parejas. Pero el caso de las mascotas es particular porque forman grupos artificiales, en los que la mayoría de las veces los individuos no son parientes y ni siquiera han escogido a sus coinquilinos, ya que son sus cuidadores quienes deciden traer a un nuevo animal a casa.

Muchos hogares tienen más de un animal de compañía y, por lo tanto, alguno de ellos sufrirá al menos en una ocasión la pérdida de un compañero. Es común ver que los animales supervivientes cambian su actitud y sus rutinas, especialmente en el caso de que tuvieran una relación estrecha con la mascota fallecida. Pero hasta ahora la ciencia no había ahondado en los motivos específicos que llevan a este comportamiento más allá del vínculo emocional.

Una pérdida inesperada
Según un estudio reciente y centrado en los perros, “los resultados parecen sugerir que responden a la pérdida de un compañero, más que a la muerte en sí” y citan como evidencia el hecho de que los comportamientos registrados no cambian en función de si el animal superviviente ha visto o no el cuerpo de su compañero difunto. La reacción parece deberse en buena medida a su naturaleza altamente social, una hipótesis reforzada por el hecho de que los animales que compartían rutinas con la mascota fallecida reaccionan de forma más evidente y durante más tiempo.

Atendiendo a los resultados, estas reacciones dependen mucho más del grado de interacción entre ellos que del tiempo que han vivido juntos. Estudios previos han mostrado que los animales que conviven a menudo coordinan sus rutinas, por lo que la pérdida de un compañero puede confundirles, especialmente en momentos que solían compartir: comer, dormir, jugar o salir a dar un paseo.

Además, los investigadores señalan que hay otro factor subconsciente: la pérdida de un compañero puede ser percibida como un indicador de que hay algún peligro desconocido en su entorno, causándoles nerviosismo y miedo.

El perro superviviente
Esto explicaría que una de las reacciones más habituales reportadas por los participantes en el estudio fue que el perro superviviente buscaba más la atención de los humanos como mecanismo de protección, una actitud observada por el 67% de los participantes. Las demás reacciones observadas frecuentemente fueron menos ganas de jugar (57%), reducción de la actividad en general (46%), dormir más (35%), actitud miedosa (35%), comer menos (32%) y más propensión a ladrar o aullar (30%).

Los investigadores señalan además que, en muchos casos, existe un factor de contagio emocional, es decir, que los perros reaccionan al luto que observan en las personas. Debido a que son animales altamente empáticos, perciben muy bien los cambios en la actitud de sus cuidadores, como la tristeza, la rabia, el estrés o la apatía, y reaccionan en consecuencia: por una parte buscan ofrecerles consuelo, pero también ellos mismos lo buscan frente a un estado emocional que entienden como resultado de algo negativo.

Las diferencias entre perros y gatos
Los gatos tienen fama de ser animales más independientes, pero también entre ellos se han observado síntomas similares a los de los perros cuando muere un compañero y, en este caso, una diferencia más marcada entre animales que tenían una relación de afinidad y aquellos que no: dicha diferencia viene dada sobre todo porque los gatos suelen acicalarse entre sí o dormir pegados el uno al otro cuando forman un vínculo estrecho, mientras que cuando no lo establecen suelen ignorarse.

De hecho, un estudio realizado en 2016 sobre el duelo en perros y gatos reveló una realidad que rompe tópicos sobre la supuesta independencia de los gatos: los felinos tienen mayor tendencia a intensificar los comportamientos afectuosos tras la muerte de un compañero (78% de los gatos frente a un 74% de los perros). También muestran más tendencia a conductas asociadas al estrés, como rascar muebles o paredes con más frecuencia, o defecar fuera del arenero.

Conductas repetitivas durante el luto
Tanto gatos como perros muestran bastantes comportamientos comunes, el más habitual de los cuales es el de examinar repetidamente los lugares donde el compañero fallecido solía dormir y comer. Pero muestran también ciertos comportamientos divergentes: los canes tienden a volverse más apáticos, reduciendo su actividad física y el consumo de comida, mientras que los felinos son más propensos a buscar más atención por parte de los humanos, especialmente maullando de forma más frecuente e intensa y frotándose contra el cuerpo de sus cuidadores, conductas ligadas a solicitar atención.

En el caso de hogares en los que había más de dos animales, el estudio también registró cambios en el comportamiento entre los animales supervivientes, especialmente entre individuos que antes tenían una relación de tolerancia, sin ser particularmente buena ni mala. Algunos estrecharon su vínculo para crear una nueva relación de afinidad, mientras que en otros casos la relación empeoró a consecuencia del estrés, especialmente si alguno de los dos tenía un carácter territorial.

Acompañar en el luto
Estadísticas aparte, hay que considerar que cada animal tiene su propia personalidad y reaccionará de forma distinta e impredecible ante la pérdida de un compañero. En consecuencia, también el acompañamiento en su particular luto deberá ajustarse a su comportamiento.

Una de las tentaciones más habituales, si solo queda un animal superviviente, es la de encontrarle un compañero sustituto para que así “no esté solo”. Sin embargo, los etólogos desaconsejan tomar esta iniciativa de forma inmediata porque introducir un animal desconocido en la casa solo supondría una fuente de estrés adicional y podría hacer que su relación empezara con mal pie. Es mejor dejar tiempo para que se acostumbre a la falta de su antiguo compañero antes de presentarle a uno nuevo. La duración de este periodo de adaptación puede variar entre unas pocas semanas y varios meses.

Señalan también que es importante darle al animal la atención que reclame, pero sin excederse para que no desarrolle una dependencia emocional, así como dejarlo tranquilo si su actitud es más bien pasiva o huraña. Actividades que lo mantengan distraído, como los paseos o los juegos, son una buena opción para llenar con tiempo de calidad el vacío que le provoque la ausencia de su compañero. Es mejor establecer una regularidad para estas actividades para que interiorice de forma positiva la nueva rutina. Al igual que las personas, cada mascota siente la pérdida de su compañero de modo distinto y durante tiempo distinto.

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