6 junio 2022

Cumbre de las Américas busca recetas para inmigración con el continente dividido

Miguel Jiménez
Luis Pablo Beauregard
El País

El Centro de Convenciones de Los Ángeles luce en su fachada un gran cartel con el logo de la IX Cumbre de las Américas. Este tipo de eventos no suele dar muchos resultados reales. Son más simbólicos que otra cosa, tratan de buscar consenso en algunas declaraciones de intenciones y buenos propósitos. Sin embargo, lo que nunca había pasado hasta ahora es que la sensación de fracaso de la cumbre se generalizase antes de empezar. Y menos aún que eso no fuera por la agenda de temas a tratar, sino por la lista de asistentes. Las ausencias previstas y la división generada por las invitaciones generan escepticismo sobre la posibilidad de llegar a acuerdos relevantes sobre uno de los problemas más acuciantes: la crisis migratoria.

Washington no ha anunciado aún su lista de invitados a un día de que todo empiece. Las fechas de la cumbre son del 6 al 10 de junio. Desde este lunes se ponen en marcha foros de la sociedad civil, los directivos de empresas y los jóvenes. Pero la ceremonia inaugural con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y los líderes asistentes a la cumbre no está prevista hasta el miércoles, así que el agónico debate sobre los asistentes aún puede prolongarse algo más.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, deshojó la margarita hasta el último momento. El mandatario ha hecho oficial este lunes que no acudirá a la novena cita de jefes de Estado, escudándose en la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua. “No voy a la cumbre porque no se invita a todos los países de América y yo creo en la necesidad de cambiar la política que se ha venido imponiendo desde hace siglos: la exclusión, el querer dominar sin razón alguna, el no respetar la soberanía de los países, la independencia de cada país”, ha indicado López Obrador. El canciller Marcelo Ebrard viajará en su representación, pero no está claro si el encargado de Exteriores recibirá el trato de jefe de Estado en las actividades de la cumbre tras el desaire.

Argumentos como el que ha utilizado López Obrador también han sido esgrimidos por los presidentes de Bolivia, Luis Arce; Guatemala, Alejandro Giammattei; y Honduras, Xiomara Castro, para excusarse de asistir a la reunión. El jefe del Ejecutivo mexicano ha dicho este lunes que ha propuesto a Biden visitar la Casa Blanca en julio para discutir “la integración de toda América”, una posibilidad que se le presentaba en Los Ángeles y que deja pasar.

Evitar el desastre con la presencia de Brasil y Argentina

La Casa Blanca ha logrado ganarse la participación del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, al ofrecerle un encuentro bilateral con Biden en Los Ángeles que le reconozca un trato especial como gran potencia regional. Al presidente de Argentina, Alberto Fernández, le ha atraído con el reclamo de una visita a oficial a Washington el mes próximo. Aunque Fernández diga que acuda para llevar la posición de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), lo cierto es que su presencia y la de Bolsonaro evitan un completo desastre. “Realmente confiamos en que la cumbre tenga una buena asistencia”, señalaba el pasado miércoles Juan González, director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional.

Con todo, la lista de invitados y asistentes ha dejado al continente dividido y en tensión. Los países excluidos aprovecharon para montar en La Habana una cumbre paralela de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) que ponía de manifiesto el choque con Washington y que sacó a relucir toda su retórica antiimperialista.

Toda la atención está puesta en López Obrador. La ausencia de un presidente mexicano en la primera cumbre regional organizada por Estados Unidos desde 1994 sería un desaire importante. Ambas naciones tienen una sinergia económica y cultural desde hace siglos. Curiosamente, la relación entre los socios ha sufrido un desgaste notorio desde que Donald Trump abandonó la Casa Blanca. De acuerdo con analistas como Tony Payan, del Baker Institute de la Universidad Rice, algunos círculos políticos de Washington perciben hostilidad del actual Ejecutivo mexicano. El antiguo embajador mexicano en Washington Arturo Sarukhán, del think tank Brookings, cree que boicotear la cumbre sería para México como marcarse un gol en propia meta desde el punto de vista de sus intereses estratégicos a largo plazo.

La previsible ausencia del mexicano en Los Ángeles eliminaría la posibilidad de un acuerdo del máximo nivel sobre una verdad que López Obrador comparte con Biden, que la migración debe atacarse desde sus causas de origen. En los primeros meses de la Administración demócrata, la vicepresidenta Kamala Harris envió desde Guatemala un mensaje que marcó al Gobierno: “No vengan”. Esas fueron las palabras, dichas frente al presidente de Guatemala, de la encargada de facto de atender la crisis migratoria.

A principios del mes pasado, López Obrador envió desde la misma zona, Centroamérica, una réplica dirigida a Washington. “Estados Unidos es protagonista del fenómeno migratorio y debe, en consecuencia, ser corresponsable en darle solución, modificando sus políticas migratorias y ayudando a combatir las condiciones que obligan a millones a abandonar sus lugares de residencia”, dijo en El Salvador, una escala en la gira que lo llevó a Guatemala, Honduras y Cuba.

Papel central de López Obrador

Aunque renegó durante los primeros años de mandato de cualquier liderazgo regional, López Obrador se ha empeñado en el ecuador de su mandato en ejercer una guía en Centroamérica. En esa región ha puesto en marcha dos de los programas sociales de su Administración, otorgando 250 dólares (unos 233 euros) mensuales a unos 10.000 pequeños agricultores y otros 180 dólares a 10.000 jóvenes. Días antes de su gira, el mandatario había reclamado al Congreso de Estados Unidos 4.000 millones de dólares (más de 3.700 millones de euros) que serían destinados en ayuda en la zona. “El Capitolio resuelve en unos días enviar 30.000 millones de dólares para la defensa de Ucrania y llevamos cuatro años sin que autoricen el dinero para Centroamérica… Eso están pidiendo los presidentes de la zona, que haya desarrollo”, afirmó.

En su conferencia con periodistas, Juan González reconocía la semana pasada la necesidad de “abordar la histórica crisis migratoria de un nivel sin precedentes para Estados Unidos”. Según González, las autoridades de Estados Unidos “se han puesto manos a la obra para movilizar a los líderes en torno a un nuevo y audaz plan centrado en el reparto de responsabilidades y el apoyo económico a los países más afectados por los flujos migratorios y de refugiados”. En paralelo a la cumbre, aunque formalmente al margen de la misma, Biden se unirá a otros jefes de Estado “para firmar una declaración sobre la migración, enviando una fuerte señal de unidad y determinación para controlar la crisis migratoria regional”. Todo esto ocurre cuando los campamentos de haitianos y centroamericanos comienzan a saturarse en la frontera mexicana, y el número de cruces ilegales amenaza con romper nuevamente los registros máximos alcanzados en 2021, con 1,7 millones de devoluciones de migrantes.

La migración irregular afecta a casi todos los países de la región, y a menudo es un síntoma de otros problemas, admite Washington. Según González, la declaración abordará el asunto desde “el contexto de la responsabilidad compartida y la necesidad de proporcionar apoyo económico a los países que han sido impactados por los flujos de refugiados y de migración” y teniendo en cuenta “algunos de los principales motores de la migración, que son la falta de oportunidades económicas y la inseguridad”.

González se muestra optimista sobre la declaración que se prepara: “Se trata de algo sin precedentes, ya que los líderes de la región que son países de origen, de tránsito o de destino de la migración se están uniendo en torno a un plan que reconoce que el reto de la migración no está en la frontera con Estados Unidos, sino que se extiende a todos los países de las Américas”. “Necesitamos trabajar juntos para abordarlo de una manera que trate a los migrantes con dignidad, invierta en la creación de oportunidades que disuadan a los migrantes de abandonar sus hogares y proporcione las protecciones que los migrantes merecen”, añade. Al tiempo, se tratarán cuestiones como el acceso a la documentación legal y a los servicios públicos y las vías para la migración legal y ordenada.

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