22 de agosto de 2022

La satisfacción con la vida se desploma durante la adolescencia

El País

La adolescencia está llena de cambios, no solo biológicos, que ponen en jaque la vida de los que la viven y, en muchas ocasiones, de los que los rodean. Durante este periodo se experimenta un crecimiento físico, cognitivo y psicosocial acelerado que influye en cómo se sienten, piensan, toman decisiones e interactúan con su entorno, según recoge la Organización Mundial de la Salud (OMS). Una investigación apunta a un nuevo cambio que, aunque no es tanto biológico, afecta de lleno a sus vidas: la satisfacción con la vida desciende notablemente durante la adolescencia, que en este estudio se alarga de los 10 a los 24 años. Además, es la bajada más pronunciada respecto a cualquier otro punto de la vida adulta.

A pesar de la brusquedad de la caída, los resultados no son alarmantes, ni la percepción es especialmente negativa. Los niños de 10 años del Reino Unido que participaron en el estudio puntuaban su satisfacción vital con un 6,07 sobre 7; mientras que con 24 años, con un 5,09; en Alemania, el otro país en el que recogen datos, los niños de 12 años anotan el agrado con su vida con una nota de 8,39 (en una escala de 10); los de 24 años, con un 7,35. Durante el resto de la vida adulta, las cifras varían sustancialmente menos, según el estudio, publicado en Royal Society Open Science.

Aunque las razones de que esto ocurra no son el objetivo del estudio, los investigadores apuntan a que podría estar motivado por dos cuestiones. Amy Orben, investigadora de la Universidad de Cambridge, y una de las autoras del estudio, explica que la adolescencia es un momento de grandes cambios que pueden provocar que se sientan peor. “Son mucho más sensibles al rechazo social, les importa mucho más lo que piensen los demás”, detalla. La otra opción es que la forma en la que interpreta un adolescente la pregunta sobre su satisfacción puede variar con el paso de los años y, por tanto, la definición de lo que es una vida satisfactoria también.

Los factores que determinan esa satisfacción son casi tan personales como los gustos, aunque en muchos puntos puedan coincidir. Adriana Junquera, de 16 años, pasará a cursar segundo de bachillerato y considera fundamentales los aspectos introspectivos para estar satisfecha con la vida: poder cumplir aquello que cada uno se propone y “poder decepcionarte lo menos posible a ti misma”. Sin embargo, también valora su entorno cercano otro de los pilares: “También tener un buen entorno y sentirte seguro en él”, asegura.

Diferencias entre sexos

En los datos procedentes de Gran Bretaña encontraron una diferencia entre sexos, en la que las niñas comienzan antes con el descenso en la satisfacción personal, pero esa diferencia desaparecía en la vida adulta. Orben, que también lidera el programa de Salud Mental Digital del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido, considera que esto se puede deber a que la pubertad comienza antes en las niñas que en los niños y, por tanto, pasarán previamente por ciertos tipos de desarrollo.

Enrique Echeburúa, catedrático emérito de Psicología Clínica en la Universidad de País Vasco, defiende que el descenso con el agrado de la vida se debe a una serie de cambios en los adolescentes. A nivel neuronal, el cerebro va evolucionando: “Lo que regula la vida emocional y cognitiva es el desarrollo de los lóbulos frontales, que constituye el equivalente biológico del director de orquesta, pero eso no se desarrolla hasta los 18-25 años. En la adolescencia, en cambio, lo que regula el comportamiento es la amígdala, que está relacionada con las emociones”, aclara.

Existe también un cambio importante hormonal, que produce una serie de cambios fisiológicos a los que se tienen que adaptar. A nivel psicológico es “el momento del despegue de la familia y cuando se empiezan a crear sus redes sociales de amigos”, asegura Echeburúa, a lo que también han de hacerse. Finalmente, está el aspecto social, en el que estos jóvenes se encuentran con una cultura dominante en relación con el éxito, con criterios que son difíciles de conseguir, como la popularidad y la belleza.

Bárbara Junquera, de 16 años también, comenta que, con la llegada de la adolescencia, irrumpe un cambio brusco: “Cuando eres niño parece que vives en una burbuja y fuera están los adultos que te protegen del mundo real. En la adolescencia esa burbuja explota y empiezas a experimentar primeras sensaciones, amores, enfados… Cambios emocionales y hormonales que, como antes vivías en una burbuja, no sabes como nivelarlo”. Esto puede llegar a agobiar en algunas ocasiones y por eso, justifica, hay subidas y bajadas constantes.

Para este estudio se han basado en datos de dos encuestas longitudinales de hogares de Alemania y Reino Unido en las que se hace un seguimiento de los participantes cada año y se les cuestiones sobre diferentes aspectos. En este caso, se quedaron únicamente con la pregunta relacionada con la satisfacción de la vida. La muestra estuvo compuesta por 37.076 adolescentes de 10 a 24 años y de 95.466 adultos de 25 años o más de ambos países.

Luis de la Herrán, psicólogo clínico, advierte que no hay que confundir satisfacción con la vida y la salud mental. Este estudio, según comenta, es una investigación estadística con medidas fiables, pero cuando se habla de salud mental y de índices de salud mental, hace falta otras referencias que estén medidas de manera psicométrica, “que es la ciencia que, de alguna manera, hace los test que hace que midan una puntuación, no preguntar qué tal te va la vida”. “Las personas que puedan tener un trastorno psicológico pueden estar insatisfechos con su vida, o menos satisfechos, pero eso no significa que cualquier persona que esté insatisfecha tiene problemas de salud mental”, defiende.

Echeburúa, sin embargo, recuerda que la adolescencia es un periodo crítico en relación con la salud mental. “Si en la infancia puede haber de un 5% a un 10% de niños que presenten algún tipo de trastorno mental, en la adolescencia este porcentaje puede subir hasta un 10-20%. Eso tiene que ver, lógicamente, con que las personas perciben que tienen un mayor nivel de insatisfacción con su vida”, explica. Un estudio liderado por el Hospital Clínic de Barcelona en 2021 sostiene este argumento, ya que muestra que a los 14 años es cuando aparecen más trastornos mentales. La investigación, cuya muestra ascendía a más de 700.000 personas con trastornos mentales, concluye que son durante los primeros 25 años cuando aparecen la mayoría de trastornos mentales de forma ininterrumpida.

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