19 de enero de 2023

¿Qué es la niebla y cómo se forma?

CARMEN ÁLVAREZ-CASTRO
EL PAÍS

La niebla es uno de los fenómenos meteorológicos que más afecta a la visibilidad y eso influye mucho en el transporte. Se trata de una condensación, pequeñas gotas de agua que están en suspensión en la atmósfera y que reducen la visibilidad horizontal a menos de un kilómetro. Cuando hablamos de reducción de la visibilidad de entre 3 y 5 kilómetros se trata de neblina, que está formada por partículas un poco más pequeñas y menos densas.

La niebla se presenta como una nube de espesor y densidad variable. Su base está en contacto con la superficie terrestre y eso es lo que produce la disminución de la visibilidad. Es similar a una nube en su composición pero diferente por el modo y el lugar de formación. Las nubes se forman cuando el aire se eleva y se enfría y la niebla se forma o por enfriamiento o por un aumento del vapor de agua hasta que se llega a la saturación y a la condensación que es lo que vemos, esas partículas suspendidas en el aire.

Hay varios tipos de niebla en función de su formación. Si se forman por un aumento de vapor son las conocidas como nieblas de evaporación entre las que se encuentran las nieblas de vapor y las nieblas frontales. Esto suele pasar sobre superficies con agua como el mar, lagos, ríos… Cuando el aire frío se mueve sobre un agua más o menos cálida se puede producir esa evaporación del agua de la superficie, ese vapor de agua se eleva y al mezclarse con el aire frío se satura y se forma la condensación. Realmente es una mezcla de dos tipos de masas de aire con diferente contenido de vapor de agua que genera estas nieblas que se ven normalmente sobre el mar o sobre los lagos. Por otro lado, las nieblas frontales ocurren cuando hay presencia de sistemas frontales, frentes fríos o cálidos. El aire cálido se eleva sobre el aire frío produciendo precipitación. La lluvia que cae sobre el aire frío tiene una temperatura muy cercana a lo que en meteorología llamamos punto de rocío y que es la temperatura a la que se produce la saturación. Y ahí se produce también esa niebla. Este tipo de nieblas generalmente son muy espesas y persistentes.

Sin embargo, si la niebla se forma por enfriamiento, se pueden producir las nieblas de radiación, advección u orográficas. Una de las más comunes son las nieblas de radiación. Yo soy de Sevilla y allí pasa mucho en invierno y afecta en numerosas ocasiones al tráfico rodado y al trasporte aéreo. Este tipo de niebla ocurre cuando tenemos noches de invierno anticiclónicas, es decir, en ausencia de nubes y viento. La superficie terrestre pierde calor por irradiación, el aire adyacente a la superficie se enfría y cómo no hay brisa o viento que genere turbulencia en el ambiente, esas capas de niebla se quedan pegadas a la superficie. Cuando hay más viento, la niebla se elevará un poco, a unos 20-30 metros. La niebla de radiación suele desaparecer entre una y tres horas después de la salida del sol.

A veces cuando el aire cálido y húmedo es soplado por el viento a una superficie fría, se enfría por contacto con esta, y si hay suficiente humedad, se produce lo que se conoce como niebla de advección. Se requiere que haya suficiente viento, al menos 15 – 20 km/h, para facilitar tanto el movimiento horizontal como la mezcla de aire vertical. Esto pasa por ejemplo en zonas costeras y se da también en verano.

Por último, hay un tipo más de niebla que es la orográfica. Es niebla que se forma en la cima o alrededor de las montañas. El aire que se eleva por una ladera de una montaña se enfría hasta alcanzar la temperatura de rocío por lo que se puede formar niebla o nubes.

Carmen Alvárez-Castro es doctora en Climatología, investigadora en la división de Simulación Climática y Predicción del Centro Euromediterráneo del Cambio Climático (CMCC) de Bolonia, Italia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *